SALTA.- Son más de las 10 de la noche en esta ciudad y, en una esquina del centro, se escuchan murmullos. Hombres y mujeres, con la ñata contra el vidrio, contemplan desde afuera como un nutrido grupo de hombres disfruta de una cena, que ya es un clásico. Todo el plantel de los Pumas está instalado en dos largas mesas. Cada uno disfruta de un jugoso bife de chorizo con papas fritas, pero interrumpen cada bocado para firmar algún autógrafo o sacarse una foto con alguno de los comensales, que se adelantaron a los de afuera y consiguieron una mesa en el restaurante La Leñita, situado en Balcarce y Alsina.
Imágenes como la de la cena se están haciendo habituales en esta ciudad. Cada vez que el micro que transporta al seleccionado argentino de rugby está estacionado en algún punto de Salta, alrededor siempre hay gente que aguarda por un autógrafo, foto o beso de quien sea. En cada paso de los Pumas, hay un aura como si fueran estrellas de rock.
Las adolescentes suspiran por Juan Martín Hernández, los más chicos se esmeran para que la pelota o la camiseta que tienen se llena de firmas pumas. En el hotel Alejandro 1°, donde se aloja el plantel, cada vez que un curioso se cruza con algún integrante de la delegación automáticamente hay un pedido de autógrafo, por más que se trate del médico o un auxiliar, quienes, a veces, eluden el compromiso. "¿Quién era?", preguntan chicos y chicas a los periodistas cada vez que consiguen un nuevo gancho en sus remeras y, rápidamente, abajo resaltan de quién es el garabato.
Cada entrenamiento es seguido de cerca por el público, que pasado mañana copará el estadio Padre Martearena para el test match ante Inglaterra. Las prácticas en el Jockey Club fueron, salvo la de anteayer, a puertas cerradas, aunque, con el rostro en el alambrado, los salteños se las ingenian para ver los distintos ejercicios.
Ya son casi las 23 y la velada de los Pumas empieza terminar. Pasó el plato principal, también el postre y la guitarreada posterior. El regreso comienza a vislumbrarse. Entonces, hombres de seguridad empiezan a sacar del restaurante a cada uno de los jugadores para llevarlos al micro para volver al hotel, donde, seguramente, más fanáticos esperan a las estrellas que, por esta semana, adoptó la ciudad.