Escondidos entre la multitud, 300 hinchas de Estudiantes pudieron ver de cerca el triunfoMONTEVIDEO (De un enviado especial).- Algunos hinchas de Estudiantes no pudieron con su genio y, pese a que el partido iba a jugarse sin público visitante, viajaron ayer por la mañana a Montevideo. Y, al fin de cuentas, la riesgosa apuesta les salió a la perfección, ya que se dieron el gran gusto de disfrutar, aun en silencio, la clasificación del León para la final de la Libertadores.
Se calcula que unos 300 simpatizantes cruzaron el Río de la Plata. Esa presencia comenzó a advertirse desde muy temprano, con la llegada a Montevideo vía fluvial de un grupo numeroso; incluso, algunos hasta consiguieron alojamiento en el hotel Radisson, el mismo que albergó al equipo de Alejandro Sabella. La mayoría de ellos consiguió entradas por los contactos en Uruguay y por la conocida amistad con la gente de Peñarol, tradicional adversario de Nacional.
La presencia de los infiltrados quedó más en claro cuando el plantel de Estudiantes salió para subirse al ómnibus que lo iba a trasladar al estadio. En ese momento, un grupo muy numeroso, con muchas familias, se acercó para alentar a los jugadores. Eso sí: no se percibió la presencia de Juan Sebastián Verón. El volante, que también es símbolo de este equipo, había señalado su intención de llegar a Uruguay para acompañar al plantel, pero se habría quedado en Buenos Aires para recuperarse de la distensión en el gemelo derecho que lo marginó de este encuentro.
El camuflaje se cuidó al máximo. Los hinchas de Estudiantes no trajeron camisetas ni banderas. Según se supo, estuvieron distribuidos en grupos apartados dentro del estadio Centenario -en realidad, donde pudieron conseguir sus entradas-, aunque siempre cerca unos de otros. Por eso fue más que difícil detectarlos dentro de un Centenario copado por 51.000 espectadores locales.
La convocatoria realizada por los dirigentes de Nacional dio resultado, ya que el estadio lució como en las grandes ocasiones. En las tribunas Colombres, Amsterdam y Olímpica asomaron globos rojos, blancos y azules para conformar la tonalidad tricolor que caracteriza a Nacional.
La recepción al equipo bolso fue impresionante. El derroche de pirotecnia empezó quince minutos antes del partido con las bengalas intermitentes, y en el momento que Nacional entró en la cancha, estallaron los fuegos artificiales. Más allá del colorido, no hubo insultos y sí algunos silbidos cuando se presentó Estudiantes. Nada de eso importó al final: después de sufrir un choque tenso, el festejo quedó en manos de esos hinchas que se animaron a cruzar el Río de la Plata, y que ahora preparan el viaje hacia la máxima ilusión...