MONTEVIDEO.- Así lo soñó Estudiantes, ganándolo sobre la hora, pero con toda la justicia. Con los dientes apretados , pero con la ilusión intacta. Con el festejo atragantado hasta el final, pero con un pasaje con clase. Con el olfato goleador de Mauro Boselli, pero con la personalidad de un equipo lleno de gladiadores, que sostuvieron el ímpetu con 51.000 hinchas en contra en el Centenario. Ni la ausencia de Juan Sebastián Verón preocupó en el campo al conjunto platense. Estudiantes es finalista y vaya si lo mereció. A lo largo de los 180 minutos fue superior y se tomó venganza de esa final perdida en 1971 ante el mismo conjunto uruguayo al que... eliminó ayer. Después de 38 años consiguió con mucha madurez el pasaje a los partidos decisivos de la Copa Libertadores. Ahora, esperará hasta hoy para ver con qué equipo brasileño se mide, ya que en la otra llave quedaron Gremio y Cruzeiro.
Estudiantes ofrece eso: garra para luchar; entrega para nunca dar una pelota por perdida; juego para atacar por las bandas, personalidad para defender un resultado e inteligencia para aprovechar los errores del rival. Así vulneró a Nacional, así se quedó con un éxito ajustado, pero muy merecido, por 2 a 1.
Técnicamente, fue un primer tiempo muy malo, casi no hubo juego. Todo fue lucha y el único que concretó un par de paredes fue Estudiantes. Nacional mostró un desempeño muy pobre, porque no tuvo ideas y cayó víctima de la presión por la desventaja sufrida en el partido jugado en La Plata.
Fue correcta la decisión de Sabella de incluir a Matías Sánchez porque, junto con Braña, cortaron mucho el juego rival y, al mismo tiempo, comenzaron también varios contraataques. Todos pensaban que la ausencia de Juan Sebastián Verón se iba a notar; la realidad fue que Estudiantes sufrió menos de lo pensado.
Es cierto que el estadio estaba colmado, que los uruguayos se vistieron para una gran fiesta, pero los dirigidos por Sabella tuvieron sus oportunidades y le dieron varios sustos a Nacional. Boselli dispuso de un par de chances, aunque en los primeros instantes siguió impreciso, como si este fuera una continuación del choque en La Plata. En una fue rápidamente achicado por Muñoz y en la segunda no definió bien, tras un puntazo del lateral Díaz desde la izquierda.
Sin Verón, Benítez y Enzo Pérez buscaron quedarse con el liderazgo del equipo, aunque a ambos les faltó la pausa y último pase que suele aportar la Bruja en los metros finales. Ese protagonismo lo aportó Gastón Fernández. La más clara estuvo en los pies de Pérez, tras un desborde por la derecha, pero el volante no acertó el centro cuando esperaban, afilados, la Gata y Boselli en una pelea tres contra tres.
Estudiantes casi no pasó sobresaltos. Fueron algunos momentos en los que Nacional empujó con más centros y pelotas paradas que ideas. Apenas Matute Morales buscó, aunque ni Mondaini ni Medina se asociaron con él.
Para la segunda etapa, el DT Pelusso metió a Lodeiro en lugar de Matute Morales y el mediocampista zurdo intentó con un par de gambetas, aunque se diluyó.
Estudiantes, que siempre se mostró más sereno e inteligente desde los pies de Gastón Fernández, estuvo agazapado y aprovechó un grueso error del rival para dar el gran golpe: la Gata le robó la pelota a Coates (el defensor quiso salir jugando y arriesgó la posesión) y asistió a Boselli, que favorecido por el mal estado del campo de juego, picó magistralmente la pelota por encima de Muñoz. Ese festejo tranquilizó al conjunto platense, que supo en ese instante que debía recibir tres tantos para ser eliminado.
Nacional reaccionó y contó con algunas situaciones: un centro de Mondaini que Medina no empujó a la red de forma increíble y sin oposición debajo del arco; un derechazo de García que Andújar mandó al córner y una chilena de Arismendi que controló el arquero.
Todo, igual, eran acciones con más ruidos que nueces . Hasta que Medina le ganó la posición a Schiavi tras un centro en el punto del penal, giró y con un violento derechazo batió a Andújar. El 1 a 1 le dio más confianza al local, pero no le restó méritos al ganador.
Las más claras para definir siempre fueron del pincha. Sólido atrás, se paró de contraataque y tuvo situaciones muy favorables, como un derechazo cruzado de Enzo Pérez que se fue al lado del palo derecho de Muñoz; un mano a mano de Salgueiro neutralizado por el arquero y un ataque del delantero uruguayo que finalizó en las manos de Muñoz. Pero nunca se vio condicionado por ese empuje charrúa y, ya en tiempo adicionado, encontró el desahogo con otra exquisita definición de Boselli, tras una habilitación de Salgueiro.
Estudiantes fue delirio, explosión y felicidad pura. Fue, en definitiva, el equipo argentino que más lejos llegó y, fiel a su historia, va por más. Con la vieja mística copera.
800 minutos acumuló Andújar con el arco invicto. Lo batió ayer Medina y el último que le había anotado un gol fue Deportivo Quito, por el Grupo 5.
De cara a la final, los dirigentes buscarán extender el préstamo del defensor, que fue cedido por Newell’s a cambio de US$ 50.000 por partido.
El préstamo del volante venció el 30 de junio y Cluj, de Rumania, aún no autorizó la prórroga hasta el final de la temporada.
En esa cancha Estudiantes logró sus únicos tres triunfos como visitante desde que volvió a disputar copas internacionales, en 2005.