El grito de campeón tiene la magia de encerrar en un instante lo vivido en semanas, meses? El que se escuchó en Liniers, esperado después de un Clausura cargado de esfuerzos, algunos pocos sinsabores e ilusiones recicladas una y otra vez, deposita una sensación de desahogo en algunos de los protagonistas de este Vélez campeón. Y las figuras de Maximiliano Moralez, Nicolás Otamendi y Emiliano Papa pueden ser la fotografía mejor lograda de lo que significaron los vertiginosos últimos meses en sus carreras.
Uno es descaro pícaro, otro es aire humilde y el restante es sonrisa vacilona. Cada uno, en su puesto, es fútbol en estado puro. Y sus historias, por sencillas y empinadas a la vez, en algunos puntos, se conectan. El denominador común es que los tres vivieron transformaciones importantes desde su llegada a Vélez. Los tres reconocen que no esperaban a este final feliz en tan poco tiempo, y mucho menos Otamendi, que no tiene más de 20 partidos en primera. Cada uno, en su puesto, fue clave para ir dejando a los candidatos en el camino -primero Colón y después Lanús-, y en el partido en el que se definía todo sacaron a relucir su ingenio para jugar con la desesperación de años del Globo y demostrar que estaban a la altura de las circunstancias.
Moralez fue uno de los protagonistas del campeonato y de la increíble tarde vivida en Liniers. Otamendi en su primer torneo como titular dio la vuelta olímpica. Y, como había pasado con Papa a fines del año pasado, para el juvenil zaguero este semestre tuvo el valor de que fue convocado por Diego Maradona a los 21 años y de haber debutado ya en las eliminatorias.
Maximiliano Moralez nació en Granadero Baigorria, pero se crió en Fray Luis Beltrán junto con su papá albañil (Hugo), su mamá ama de casa (Mirta) y tres hermanas mujeres. Sus primeros pasos en el fútbol fueron en el club Villa Felisa, hasta que "por joder un rato" fue en bicicleta a una prueba que Racing hizo en San Lorenzo, provincia de Santa Fe. A partir de ahí se formó futbolísticamente entre las penurias de la Academia. "No fue sencillo vivir en la pensión. Fue jodido sobrellevarlo, pero son experiencias que no se comparan con nada. Pero me resulta imposible hablar mal de Racing, el club que me dio todo". En 2005 tuvo su bautismo de fuego en primera, pero el gran salto lo dio dos años después en el Mundial Sub 20 de Canadá, donde fue elegido el segundo mejor jugador del campeonato detrás del Kun Agüero. A su vuelta, una venta relámpago por 7 millones de euros lo llevó a FC Moscú, donde duró cuatro meses y siete partidos, ya que nunca se sintió a gusto con la decisión tomada y volvió a Racing, club en el que tampoco pudo quedarse. "Esperé hasta último momento para quedarme? Después de terminar el torneo el técnico no me llamaba y cuando hablaba con los dirigentes quedábamos en una cosa y después no se concretaba. Se ve que no estaba en los planes del técnico de entonces [Llop]", explicó el talento contenido en un envase de 160 centímetros y 53 kilos.
"Vélez se convirtió en algo increíble para mi vida. Llegué a un club donde conocí lo que es estar al día con los sueldos. Con una Villa Olímpica que es un lujo para un futbolista. Por todo eso es un título merecido. Estoy orgulloso de ser parte de este club, aunque debo reconocer que no esperaba festejar tan rápido", dijo Moralito, que el 29 de junio del año pasado marcó el gol del triunfo en Avellaneda ante Belgrano, que le permitió a Racing salvarse del descenso (1-1, en el primer partido en Córdoba). Ahora, un año y 6 días después, anotó el tanto del título de Vélez.
Es cierto que muchos dirán que el fútbol de Vélez se vuelve prosaico cuando Moralez levita en su juego, pero también es cierto que nada podría ser posible sin la solidez en defensa apoyada en Otamendi y el aporte interminable de Papa por el lateral izquierdo.
Nicolás Otamendi, el pibe nacido en Talar de Pacheco que practicaba boxeo y que comía a las apuradas en uno de los tres colectivos que tomaba hasta la Villa Olímpica es, sin duda, la revelación del campeón. Y por ese altísimo rendimiento que tuvo en el campeonato, Villarreal y Sevilla ya ofrecieron 4.000.000 de euros por su pase. Incluso en Liniers saben que Inter, de Italia, pregunta por él, aunque no hizo un ofrecimiento formal. "Es muy lindo y muy reconfortante que se hable de que clubes de Europa me quieren y que Vélez diga que no tengo precio", dice el defensor que desde hace dos meses que tiene auto y habita un coqueto tres ambientes en Núñez que comparte, según los tiempos familiares, con Morena, su hija de un año y medio. "Nico es uno de los defensores más fuertes y con capacidad de anticipo que haya visto, por sus características: es muy agresivo", dijo Moralez. "Tiene una gran personalidad y grandes condiciones: fuerza, cabezazo, velocidad y anticipo. Todo lo que se le puede pedir a un central", lo elogió Papa.
El seis del campeonato que llevó Miguel Angel Russo a una pretemporada y que Hugo Tocalli hizo debutar en el Apertura 08 intenta seguir con su vida normal, aunque reconoce que por jugar en este Vélez que va por el título ahora lo reconocen mucho más por la calle. Más allá de que todo le pasó muy rápido, a la hora de salir a la cancha, ese pudor del Chupe -como lo llaman en su barrio- queda a un costado y asume con naturalidad tener que marcar a jugadores como Sand, Palermo, Defederico o Pastore. "Mi familia siempre me dice que mantenga los pies sobre la tierra y que siga siendo humilde, que es fundamental para crecer", reconoce Otamendi, consciente de los números que se están manejando en relación a su pase. "Se me vino todo de golpe. Debuté en primera, me llamaron al seleccionado mayor, fui titular y ahora campeón con Vélez. La verdad que solamente puedo tener palabras de agradecimiento para todo el mundo", contó el Chupe, dentro de un vestuario desbordado de felicidad tanto como de emoción.
En Atlético Acebal, al sur de Santa Fe, Emiliano Papá comenzó a jugar al fútbol de puntero izquierdo. A los 15 años llegó el llamado de Rosario Central y fue en ese momento que su padre, Juan Guillermo, le dijo "te veo mejor como lateral, probate ahí". Después de no ser tenido en cuenta en el Vélez de Ricardo La Volpe, el futbolista que supo ser carnicero en su pueblo volvió a Central para ayudarlo a evitar el descenso en la temporada pasada. Con la misión cumplida, volvió con ansias de revancha a Liniers. "En esta segunda etapa en Vélez me sentí mucho más cómodo que en la primera etapa. Ganamos varios partidos, jugué bien y empecé a sentirme útil. Me tocó la mala y ahora disfruto mucho de la buena", dijo Papa, que en cuestión de meses se transformó en el lateral izquierdo del seleccionado que dirige Maradona.
"Estoy muy contento, sufrimos como siempre pero ganamos bien. Hace tiempo que espero salir campeón. Lo sueño desde que llegué al club y al final se me dio. Creo que ganamos el torneo con justicia. Hoy fuimos superiores a Huracán y en ningún momento pensé que se nos escapaba, porque estábamos concentrados y no perdimos esa actitud ni siquiera cuando erramos el penal", aseguró Papa, uno de los primeros que se quedó en calzoncillos en la vuelta olímpica.
El vestuario de Vélez perdió su fisonomía habitual, como suele ocurrir cuando los grandes festejos quedan condensados entre cuatro paredes. Jugadores parados sobre los bancos y las camillas, camisetas que se revolean por encima de la cabeza, cantos, gritos, abrazos, baile, dedicatorias... Los puntos de encuentro de las historias de este plantel se multiplicaban y, entre ellas, los capítulos destacados de Moralez, Otamendi y Papa.