Por Germán Leza
De la Redacción de canchallena.com
La mitad de la ciudad de La Plata está de fiesta. La familia pincharrata es una postal insistente en la Plaza Moreno: los abuelos, los hijos y los nietos, se abrazan y saltan, y con los ojos húmedos recuerdan la histórica seguidilla de 1968, 1969 y 1970 en la que Estudiantes se consagró campeón de la Copa Libertadores y nació la mística del León. Como lo hace Hilda, una abuela de 80 años que nos muestra la foto de su hijo, Angel, con uno de los trofeos que cosechó aquel equipo de Osvaldo Zubeldía.
La espera frente a la magnífica Catedral casi no se nota. Surge un canto, luego otro, una murga improvisada baila en las puertas de la casa de la intendencia, y sin que nadie se de cuenta, la noche inunda la plaza. Poco importa que el micro descapotable que partió desde Ezeiza apenas pudo hacer la mitad de su recorrido acompañado por una caravana que pierde en el infinito.
La plaza Moreno ya está repleta y pretender circular con un vehículo en las inmediaciones parece una quimera. A las 19.40, el ómnibus entró a la ciudad y a paso de hombre se dirige al Palacio Municipal. Mientras tanto, otra fanática del Pincha nos relata su pasión por Estudiantes y nos cuenta, que a pesar de la operación de cáncer de mamas a la que se había sometido tan sólo 48 atrás, lo fundamental era estar en la calle, festejando, junto al resto de su familia.
Pero no sólo en La Plata se gritó el gol de Boselli. Desde Necochea, Javier viajó 500 kilómetros junto a su hija para saludar al equipo de Sabella. Estoicamente, a pesar del asediante frío, esperan frente al balcón el instante en que miles de almas se convertirán en una sola y festejarán junto al 50mo campeón de la Copa Libertadores.