Por Alejadro Casar González
De la Redacción de LA NACION
La historia de los Emiratos Arabes Unidos en el mundo del fútbol se reduce a una página: los tres partidos que su selección perdió en el Mundial de Italia, el único que disputó, en 1990. Sin embargo, a fuerza de cientos de millones de dólares, sus multimillonarios jeques consiguieron que la pelota hable de ellos. Para eso, nada mejor que desembarcar en el país de los inventores del fútbol, Inglaterra. El último eslabón de la cadena de inversionistas se llama Sulaiman Al-Fahim, tiene 32 años y acaba de pagar cerca de 100 millones de dólares para quedarse con Portsmouth, un club de mitad de tabla de la Liga Premier inglesa.
Al Fahim no es un desconocido para el público argentino. En marzo, se atrevió a soñar con un club dirigido por Diego Maradona, y con Lionel Messi haciendo de las suyas adentro de la cancha: "Creo que Maradona sería genial como manager, con la potestad de vender y comprar jugadores. Tiene suficiente calidad como para dar vuelta la historia en un club, como hizo en Nápoles", lanzó el hombre de negocios. Y apuntó sus cañones a la Pulga del Barcelona: "Messi me devolvió el amor por la Argentina".
Por entonces, Al-Fahim no era un desconocido en el mundo del fútbol. Gracias a los contactos que le proporcionaba el cargo de CEO de Hydra Properties -una desarrolladora inmobiliaria en Medio Oriente, cuyo paquete accionario pertenece a la familia real de los Emiratos-, fue el arquitecto de la compra de otro club inglés, Manchester City, por parte de un fondo de inversión llamado Abu Dhabi United Group, en septiembre del año pasado. La cabeza del fondo es el jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan, integrante de la familia real de los Emiratos Arabes Unidos.
Mansour, el hombre más rico del fútbol mundial -su fortuna ronda los 22.000 millones de dólares, según un informe de la revista FourFourTwo -, ya lleva invertidos cerca de 821 millones de dólares entre compras de nuevos jugadores y sueldos del plantel. En esa cifra se incluyen los relojes exclusivos, valuados en 276.000 dólares cada uno, que les regaló a los integrantes del equipo la semana pasada. Fue en Abu Dhabi, la nueva meca del fútbol a control remoto, y tanto los jugadores como el cuerpo técnico se alojaron en su exclusivo hotel cinco estrellas. ¿Por qué lo hacen? "Su objetivo es figurar y divertirse. Pero tienen que hacerlo de visitante porque llevar futbolistas a punto de jubilarse a sus ligas sigue sin tener gracia", dice una fuente que suele negociar transferencias de jugadores con los árabes.
Así como para comprar Manchester City se usó un fondo de inversión como paraguas , en la adquisición de Portsmouth intervino otra empresa. "La compañía se llama Al Fahim Asia Associates, y le pertenece íntegramente al señor Al-Fahim", dice desde Londres a LA NACION el doctor Ivo Ilic Gabara, vocero del magnate árabe. Además, Gabara confirma que su empleador no tiene nada más que ver con Manchester City, el nuevo club de Carlos Tevez: "Al-Fahim sólo intervino en el proceso de compra; luego se abrió del club".
La cuestión no es menor. La liga inglesa endureció los controles con respecto al flujo de billetes destinados a comprar clubes. Al-Fahim se sometió a un "test de persona idónea", como se denomina en Inglaterra al procedimiento por el que se analizan los avales bancarios y la procedencia del dinero destinado a la compra del club en cuestión, Portsmouth, donde alguna vez desplegó su mágica zurda Andrés D´Alessandro.
Sin embargo, los tiempos apremiaban. Pese a que Al-Fahim le había presentado su oferta de compra en alrededor de 100 millones de dólares al anterior dueño del club (el magnate ruso Alexander Gaydamak) en mayo, la adquisición se dilató por cuestiones contables. Al-Fahim encargó una auditoría exhaustiva para comprobar el estado real de las cuentas del club. El paso del tiempo y la indefinición hicieron que el equipo comenzara a desmembrarse: sólo 15 jugadores se presentaron para hacer la pretemporada en el estadio Fratton Park. Pese a que se esperaba que la luz verde para el empresario árabe se encendiera la semana próxima, la liga se expidió ayer: "No vemos ningún impedimento para que Sulaiman Al-Fahim se convierta en presidente de Portsmouth", informó la liga en un comunicado. Portsmouth estaba con la soga al cuello y la liga lo sabía: pasado mañana vence un préstamo de 56 millones de dólares que los anteriores directivos del club contrajeron con el Standard Bank, de Sudáfrica. Sin dinero fresco, Portsmouth se habría convertido en el primer club en la historia de la Premier League en acogerse a un procedimiento de quiebra. Los inventores del fútbol, claro, no pueden permitirse eso. Y un millonario árabe, Sulaiman Al-Fahim consiguió lo que hacía tanto tiempo quería: un club para hacer realidad todos sus sueños.