Tiger Woods llega a Hazeltine con victorias en el PGA Tour en las últimas dos semanas - ReutersCHASKA, EE.UU. (Especial).- Como siempre, el gran debate gira alrededor de Tiger Woods, el hombre que mueve el negocio del golf casi por su cuenta. Hoy comenzará el PGA Championship en el Hazeltine National Golf Club, y el N°1 está frente a la última posibilidad en el año de alzarse con un Major y evitar otra sequía de títulos de Grand Slam, como sólo le ocurrió en 1998, 2003 y 2004.
De todas formas, surge el interrogante: ¿Podría considerarse malo el año de Tiger aún si no obtiene un grande ? Si éste hubiese sido una temporada normal para el californiano, probablemente se aseguraría que sí, que quedará en deuda. Pero hay un dato imposible de soslayar: reapareció en marzo pasado, luego de atravesar en 2008 una delicada cirugía reconstructiva en su rodilla izquierda, y respondió de maravillas, con cinco títulos del PGA Tour.
Woods no puede llegar de una mejor manera al PGA Championship: se adjudicó en forma brillante los dos últimos torneos del circuito, el Buick Open y el Bridgestone Invitational, se ubicó 10 veces entre los top ten, acumula una ganancia de 6.878.163 dólares en el año y encabeza la lista de la FedEx Cup. Su única mancha, por así decirlo, es que falló el corte en el Abierto Británico.
Con semejantes antecedentes, podría concluirse que la temporada de Tiger ya es un verdadero suceso, y también lo debe ser íntimamente para él, que hace 14 meses cojeaba por la cancha y se arrastraba con una mueca de dolor. Woods sueña con una consagración aquí, pero también se proyecta a los Juegos Olímpicos de 2016, en caso de que el golf sea admitido como disciplina olímpica. "Para entonces voy a tener 40 años. Si no me retiro, allí estaré", dijo.
Lo concreto es que en la mesa de los grandes campeones de 2009 esperan Angel Cabrera (logró el Masters), Lucas Glover (US Open) y Stewart Cink (Abierto Británico), que hoy compartirán la salida. Falta un plato.
Además de Cabrera, el PGA Championship le hará un lugar a otro argentino, Andrés Romero. Ambos llegaron el domingo; el tucumano por la mañana y el cordobés por la noche. Romero jugó nueve hoyos el domingo y el lunes, mientras que el martes recorrió los 18 junto con Cabrera y el colombiano Camilo Villegas.
Ayer, el Pigu sólo tiró pelotas y practicó en el putting green, en tanto que el Pato ensayó 9 hoyos. "Todos los Majors me motivan por igual, no hago distinciones", repite Cabrera, que viene con buenas sensaciones tras el 4° puesto en Akron. Si ajusta su juego en el green -quizá su único déficit en el Bridgestone Invitational-, puede ingresar de lleno en la pelea.
La situación de Romero es muy diferente. No ha sido un buen año para él y ésta será una de las últimas chances del año para recobrar el nivel que exhibió en 2007 y 2008. "Jugar bien acá sería una buena forma de terminar la temporada un poco mejor, especialmente para participar en la mayor cantidad de torneos de la FedEx Cup. Practiqué mucho y estoy recuperando la confianza", dijo.
Los 156 jugadores, incluido el defensor del título, el irlandés Padraig Harrington, lidiarán con la cancha más larga que se haya diseñado en la historia para un Grand Slam. Hazeltine presenta un manto verde de 7674 yardas, que superan las 7643 de Torrey Pines en el US Open 2008, la última conquista de Tiger en un Major.
Las distancias asoman anormales: el par 4 del hoyo 12 tiene 518 yardas, el par 3 del 13 alcanza las 248, y el par 5 del 15, 642. "Más que nunca, acertar el fairway será clave; si fallás ahí, esta cancha castiga bastante", aporta Romero. Desde hoy, la última fiesta grande.