Nos quieren hacer creer que la lucha de la Agencia Mundial Antidoping contra los tramposos es feroz.
La natación tuvo en Roma un mundial maravilloso, con 43 récords mundiales. Antes, los científicos nos habían instruido sobre una nueva droga, CERA, la EPO de tercera generación. Así, lo recitamos de memoria, porque nos lo dijeron. Y también nos aclararon que es imposible detectarla en la orina, aunque sí se puede saber de ella en las muestras sanguíneas. En Roma se hicieron 300 controles de orina, pero ninguno de sangre. No hubo casos positivos.
Todos saben cuán influyentes suelen ser los récords en la promoción de un torneo, además de la recaudación de la venta de trajes. Hoy sirven; en 2010, no. El negocio ya está hecho.
Se viene el Mundial de Berlín, de atletismo. Habrá menos récords que en la natación, seguro. Ellos no tienen trajes polémicos, aunque sí la misma sospecha con el doping. Pero aquí no se habla de drogas -al menos no todavía-, sino de los actos de indisciplina de un grupo de atletas de Jamaica, que fueron suspendidos por la federación de su país. Como entre ellos estaba Asafa Powell, el asunto preocupó a la IAAF (Federación Internacional de Atletismo), entidad que es presidida por Lamine Diack. El senegalés fue derecho a hablar con los dirigentes jamaiquinos y luego emitió un comunicado oficial que decía que las sanciones internas tienen que efectuarse fuera de los mundiales (?), y que la ausencia de Powell en Berlín iba a ser "comercialmente perjudicial" para el torneo.
Asafa compite. Es raro, pero lo valioso es la honestidad. La IAAF asumió lo que la FINA ocultó: no nos importa si rompen reglas o tienen un mal comportamiento. Más peligroso sería que los sponsors se sintieran insatisfechos por la ausencia de una figura. Todas las federaciones deportivas cuentan con estrictas reglas de organización y de competencia, hasta que alguna de ellas ponga en riesgo el ingreso de dinero.
El Comité Olímpico Internacional está por decidir la incorporación del rugby y del golf a los Juegos Olímpicos de 2016. Perdería su lugar el béisbol. Van a presentar decenas de argumentos para decir por qué entran unos, por qué sale el otro y por qué no sumaron a unos cuantos (patín, karate, squash, etc.). Tal vez podría Jacques Rogge, máxima autoridad del COI, imitar la posición de Diack, sincerarse y mostrar los sponsors que se acercarían al movimiento olímpico gracias al rugby y el golf. Para entender mejor todo.
Por ahora, ante cualquier noticia confusa sobre el deporte -como tantas que se dieron por estos días-, un ejercicio sencillo es pensar que el problema está relacionado con el dinero. Al fin de cuentas, de eso se trata todo esto.