Tiger ejecuta su tiro de aproximación en el 15, donde logró uno de sus cinco birdies del día - AFPCHASKA, Estados Unidos (Especial).- "Me gustaría jugar en el equipo de rugby" , sorprendió Tiger Woods, y todos estallaron en risas. El N° 1 se permitía bromear sobre la noticia de que el golf y el rugby se transformarían en deportes olímpicos en 2016. No era para menos: acababa de atenazar la punta del PGA Championship desde bien temprano y mostraba un ánimo exultante, a tono con lo que había terminado de desplegar en el Hazeltine National Golf Club.
Ya nadie removería de lo más alto a Tiger durante el resto de la primera jornada. Esos 67 golpes (-5) resultaron un umbral demasiado exigente para los otros 155 jugadores. Entre ellos, los argentinos Andrés Romero (75, +3) y Angel Cabrera (76, +4), que por el momento se ubican muy lejos de la lucha, en los puestos 95° y 110°, respectivamente.
Es oficial: lo de Tiger va en serio en su pulsión por quedarse con el último Major del año. Sus más inmediatos antecedentes lo avalaban -triunfos en las dos últimas semanas en el Buick Open y el Bridgestone Invitational- y en esta cancha, que es la más larga de la historia para un torneo de Grand Slam (7474 yardas), revalidó su dimensión de jugador celestial . Jugando con su famoso apodo y recordando al Rocky de las películas, el Ojo del Tigre está a pleno en cada actuación del N° 1.
¿Por dónde pasan sus puntos fuertes? A su aterradora fortaleza mental le adosa aquellos golpes de calidad que había extraviado en el último Open Británico, su único corte fallado en varios años. Observarlo es comprobar que se trata del mismo jugador que brillaba antes de la cirugía reconstructiva en su rodilla izquierda, a la que se sometió en 2008; es certificar que su juego robotizado, mezcla de músculo y talento innato, ya no sufre desajustes.
Calibra y acierta, Tiger. Tanto es así que ayer no cometió un error, logró 12 de 14 fairways y se dedicó a firmar birdies como si fueran autógrafos, en los hoyos 2, 3, 7, 11 y 15. Padraig Harrington, su compañero de threesome, fue un testigo privilegiado de esa faena rayana en la perfección. Pero el irlandés tampoco puede quejarse: se colocó a un solo golpe y es el único escolta. En plan de defender el título, Harrington sólo debe mentalizarse en no repetir ese tiro de principiante a la laguna que lo hizo sucumbir en Akron, hace una semana, y que le sirvió el título en bandeja al californiano.
Con este panorama, parece que todo estuviera en manos de Tiger, que persigue el 15° grande para emparejarse de nuevo con su amigo Roger Federer. Tres veces se adjudicó majors tras situarse como líder desde la primera jornada hasta la última: los US Open 2000 y 2002 y el Abierto Británico 2005. De todas formas, estampar un sello de garantía cuando sólo se jugaron 18 hoyos no es demasiado atinado.
Es que los candidatos sobran: allí está Vijay Singh con -3, que estuvo a punto de concretar un águila en el par 4 del hoyo 16. Al fijiano sólo le faltó acercarse al lado de la bandera y soplar para que la pelota cayera en la taza. David Toms, otro que sabe lo que es obtener majors, se ubica en la misma línea, a dos golpes de Tiger. A él se les suman el ascendente español Alvaro Quirós, el norteamericano Hunter Mahan y los australianos Robert Allenby -su última conquista de las cuatro en el PGA Tour fue en 2001- y Mathew Goggin, que animó el último Abierto Británico en Turnberry hasta la vuelta final.
Se esperaba mucho más de una atracción continua como lo es Phil Mickelson, pero el zurdito de San Diego se complicó con un doble bogey y quedó relegado al 69° lugar, con +2. En tanto, el español Sergio García, que en 1999 se presentó ante el mundo en este mismo torneo con un golpe majestuoso pegado a un tronco, se posicionó expectante con -1. Muchos más esperan dar el zarpazo.
"Es agradable empezar así el primer día", dijo el N° 1 del mundo antes de abandonar Hazeltine. Sonrió por última vez, pero lo suyo no es broma.
26 es la cantidad de jugadores que marchan bajo el par tras la primera jornada del PGA Championship; en ese lote, no hay ninguno de los 20 jugadores aficionados
El voluminoso norteamericano abandonó el torneo tras encadenar cuatro doble bogeys y finalizar la vuelta con un total de 78 golpes (+6). Como justificación, Daly acusó un dolor en la espalda.
Aquejado por una lesión en las costillas, el inglés, número 3 del ranking, no pudo comenzar la vuelta. Su lugar fue ocupado por el norteamericano Tim Petrovic, que se ubicó 110°, con +4.
Lejos de su mejor momento, el australiano (foto) quedó en la 151era posición, con una tarjeta de 82 (+10). Acumuló 9 bogeys, un doble bogey y marcó tan sólo un birdie, en el último hoyo del recorrido.
De fuerte tradición entre los jugadores norteamericanos, el PGA Championship recibe cada vez más golfistas de otras nacionalidades: este año son 69, sobre un total de 156 participantes.
Justin Rose encadenó 4 birdies entre los hoyos 4 y 7. En cambio, Tim Weinhart acumuló 5 bogeys entre el 11 y el 14, mientras que Sam Arnold sumó 3 bogeys y un doble bogey entre el 4 y el 7.
El hoyo 12, un par 4 de 518 yardas, se convirtió en el sitio donde menos cantidad de birdies se anotaron: sólo 5 jugadores pudieron hacerlo en 3 golpes; 71 anotaron bogeys y 73 hicieron el par.