Por Daniel Meissner
De la Redacción de LA NACION
Usain Bolt tiene una especial relación con el tiempo. En su horizonte, por lo menos, no parece haber un límite que los separe, o secretos de uno que no conozca el otro. El jamaiquino sabe cómo ir de la mano de registros cada vez más asombrosos, anticipándose a los tiempos que le tocan vivir y desafiando toda ley física posible. Si cada vez que bajó la plusmarca de los 100 metros hizo creer que el tope había sido tocado, ayer no derrumbó esos pronósticos, al marcar 9s58 en el Mundial de atletismo que se desarrolla en Berlín. Bajar el récord de 9s69 en nada menos que once centésimas, definitivamente, empieza a hacer creer que Bolt está más allá de la lógica y es, por una simple cuestión de proyecciones matemáticas, un atleta que desconoce los límites y al cual no lo asusta el futuro. Simplemente, porque es él quien dicta las leyes de la velocidad del hombre sobre el planeta.
Estaba en lo cierto el presidente de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), Lamine Diack, cuando en marzo pasado pronosticó que el récord mundial de los 100 metros masculinos (los mencionados 9s69, entonces) sería batido en este Mundial. "El que quiera ganar los 100 metros en Berlín tendrá que correr por debajo del récord mundial", fue la afirmación del dirigente senegalés, a cinco meses del arranque de la reunión. No se equivocó. Intuía, seguramente, que el futuro ya estaba entre nosotros.
Bolt superó las mismísimas previsiones de la ciencia, que en la mayoría de los casos, tras exhaustivos estudios, aseveró que la marca que había obtenido en Nueva York, en mayo de 2008 (9s72), no se quebraría hasta 2030. Desde entonces, Usain lo ha hecho no una, sino dos veces. Con los 9s69 obtenidos en el Nido de Pájaro de Pekín, justamente un año antes, Bolt ya había ganado 22 años de evolución. Ello motivó nuevos debates y conclusiones. "A la luz de lo visto en Pekín, el récord será quebrado una y otra vez", arriesgó el matemático estadounidense Reza Noubary, de la Universidad de Pensilvania. La cifra a la que se llegó en los últimos Juegos Olímpicos, como siempre que Bolt está en el medio, volvió a generar revuelo y a dividir las opiniones. Mientras desde los EE.UU. se aseguraba que 9s45 para la distancia del hectómetro era un límite que la especie humana no podía superar jamás, un matemático holandés, John Einmahl (de la Universidad de Tilburgo), calculó el récord definitivo en 9s29. Einmahl, quien estudió la proyección de 14 disciplinas atléticas, se apoyó en la teoría de los valores extremos, y agregó que ese tiempo podría ser "batible" en breve y con las condiciones de la competición actual. Hasta fue más lejos al aclarar que otra plusmarca de Bolt (los 200 metros, en 19s30) está todavía un segundo por encima de la que puede obtenerse. Seguramente, hasta que el velocista de Jamaica se decida a cambiar esos números?
Ahora bien, ¿por qué Bolt se anticipa al futuro?, ¿qué tienen sus piernas para marcar semejante diferencia? Tyson Gay, quien ayer realizó un excelente registro (9s71), la tercera mejor marca de todos los tiempos, tiene su opinión formada: "Bolt puede llevar el cuerpo humano a otro nivel", dijo, y se esperanzó: "Creo que algún día podré hacer eso yo también", señaló el norteamericano, de 27 años. Por ahora, está claro que cuando consiga estirar un poquito antes la cabeza, el jamaiquino lo volverá a hacer. O, a la vista de lo ocurrido ayer, tal vez gane alguna otra centésima si mejora su tiempo de reacción en la salida, que en Berlín fue de 146 milésimas, contra 119 de Richard Thompson, sorpresivamente el mejor en ese particular ítem.
Tal vez, otro de sus secretos radique en un estilo menos convencional que el resto. Bolt no es el corredor fornido y contundente que impresiona con su andar, sino que es un larguirucho que da zancadas de corte desgarbado, con tendencia a disminuir su velocidad en el final. Ello le costó hasta un enojo de Glen Mills, su entrenador, quien durante una conferencia de prensa, en Suiza, admitió: "Si hubiera continuado exigiéndose hasta el final en Pekín, la marca hubiese sido, cuanto menos, de 9s52". Igual, el propio Mills cree que su pupilo rebajará la marca actual en algún momento.
Usain Bolt volvió a comportarse como un relámpago que no sabe de pausas en su afán por reescribir la historia del atletismo. Sabe cómo ganarle al tiempo y, sobre todo, cómo coquetear con él. Un verdadero monstruo de esta generación.