Un relámpago cruzó el Olympiastadion de Berlín; Usain Bolt volvió a conmover a todos con un inolvidable registro en los 200 metros - AFPBERLIN.- Los velocistas de la última década tenían denominadores comunes, como el clima de tensión en el que se movían, la seriedad y las miradas desafiantes. En cambio, él se divierte frente a las cámaras como un humorista; se pasea sonriente y hace morisquetas. Todo es energía a su alrededor. Después de la explosión de la pistola de largada, una descarga eléctrica recorrió media pista en el Olympastadion. Usain Bolt, el que dejó incrédulo al mundo entero el domingo último con sus 9s58/100 para los 100 metros, ahora volvió a conseguir una marca de esas que estremecen con sólo nombrarlas: 19s19/100, medalla de oro y nuevo récord mundial de los 200m.
Cuando se habla de Bolt, se corre el riesgo de caer en conceptos repetidos. Espectacular, insólito, maravilloso. Todo lo que rodea a sus presentaciones es impactante. Sus rivales cada vez quedan más lejos en la foto. Ayer le sacó más de seis metros al segundo, el panameño Alonso Edward (ver "La final en números"), que corrió en un muy buen tiempo de 19s81/100. Pero él dice con desafiante naturalidad: "No tenía un tiempo concreto en mi mente. Simplemente, intenté hacerlo lo mejor posible. Sólo hice aquello que había venido a hacer a Berlín".
Dice que no tenía un tiempo en la cabeza, pero hasta la precisión con la que bajó los récords resulta llamativa. Tanto en los 100m (de 9s69 a 9s58) como en los 200 (de 19s30 a 19s19), les recortó exactamente 11 centésimas a sus anteriores registros.
Otro elemento que puede resultar definitivamente devastador para el resto de los competidores es que acusa estar agotado. "Nunca estuve tan cansado. Todo lo que deseo ahora es una larga y buena noche de sueño", comentó en la zona mixta, rodeado de periodistas.
Entre sus gestos alocados, las vueltas olímpicas y el delirio de la gente cuando Bolt compite, todo parece ser una broma. Por ese camino podría decirse que es tan rápido que ni siquiera los sensores digitales alcanzaron a capturar su tiempo correcto al cruzar la meta. El reloj indicó 19s20/100, en un primer momento, y luego, con el photofinish , la IAAF (Federación Internacional de Atletismo), corrigió y confirmó su marca de 19s19/100.
Pero eso no es todo. Lo más curioso es que Usain Bolt todavía tiene algo más para dar en esta prueba. A diferencia de los 100m, donde el todo del camino es recto, la curva de los 200m genera una fuerza centrífuga que lleva a los atletas hacía la zona externa de la pista, y los obliga a un esfuerzo mayor. Bolt corrió los 100m en una velocidad promedio de 37,578 kilómetros por hora. Y en los 200m, su promedio fue de 37,519 km/h. Hay cosas allí por hacer todavía. Y no está mal pensar en nuevos récords, porque él mismo se repite: "Mi objetivo es ser una leyenda; es para lo que trabajo, y creo que estoy entrando en la leyenda. He demostrado que mis récords mundiales en Pekín no fueron un chiste. He demostrado lo que se puede hacer con trabajo y dedicación".
Muestra de la superación son los datos de sus tiempos de reacción. "Al principio de la temporada, dije que tenía que trabajar en mi salida. Creo que esa fue la clave de esta final", afirmó. En los 100m, su registro de reacción al oír el sonido de la partida fue de 146 milésimas de segundo. Ayer, lo hizo en 133 milésimas. En Pekín 2008, había sido bastante peor: 165/1000 para los 100m, y 182/1000 en los 200m.
Pese al cansancio, asegura que está preparado para su tercer título, ya que por delante tiene la posta 4x100, que comenzará a disputarse hoy con las tres series preliminares. De todos modos, es probable que el equipo utilice a otros cuatro velocistas para darle a Bolt algo de pazhasta la final de pasado mañana.
"Ahora sólo me falta ser nombrado sir. Sería lindo y divertido que la reina Isabel me nombrase sir. Suena bien, pero no es algo que depende de mí. Los títulos en los que debo pensar son los que puedo lograr en pista", dijo el muchacho nacido en Trelawny y que como principal alimento de su dieta tiene hamburguesas y patas de pollo fritas.
Independientemente de los fabulosos contratos publicitarios que firmó este año, Bolt ganó 320.000 dólares por batir dos récords en Berlín. Pero eso puede sonar a poco dinero, si se tiene en cuenta que su cachet por cada presentación en un meeting atlético dentro del calendario de la IAAF les cuesta a los organizadores un cuarto de millón de dólares.
Bolt ya demostró varias veces que es el más rápido del mundo. Su sola aparición en un estadio desprende de las tribunas una ovación similar a la que provocaría una estrella de rock. Es divertido, carismático, ganador, arrogante. Lo tiene todo. Es el producto perfecto para promover el atletismo de estos días. Vende y sabe venderse.
Su página de Internet ( www.usainbolt.com ) tiene una atronadora apertura sonora mientras un rayo cruza la pantalla en color negro. Eso es Usain Bolt: una tormenta que pretende cambiar el atletismo para siempre.
DPA y AFP