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La apuesta es no resignar el atrevimiento


Por Cristian Grosso
De la Redacción de LA NACION 

cgrosso@lanacion.com.ar 26 de Agosto de 2009 - 00:55

Wanderley Luxemburgo, cuando dirigía al seleccionado brasileño, en junio de 2000, aportó una frase que seguramente aún figurará en la cabecera de los que creen que el talento puede ser un rehén del orden. "Va a ser mejor que todos los hinchas brasileños se vayan acostumbrando a la falta de espectáculo y de juego bonito que dábamos en el pasado. Quien vaya a los juegos esperando un espectáculo, que se olvide" , advertía el entrenador. Al año siguiente dejó su cargo, perseguido por las críticas, y aunque lo sustituyó alguien bien pragmático como Luiz Felipe Scolari, las ocurrentes diabluras de la Fórmula R (Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho) condujeron al scratch al título en la Copa del Mundo de Corea-Japón 2002.  

Desobedecer el mandato de los recaudos extremos resultó el principal legado del Clausura 09. Aun desde escuelas diferentes, defender una propuesta que no rechace los recursos estéticos llegó para reivindicar el placer de jugar. En ese fútbol que suele reservarse demasiados trazos cautelosos, reconforta la apuesta ofensiva que rescataron varios equipos durante el certamen que consagró a Vélez. Cuando casi todas las tendencias están gobernadas por el miedo, varios DT recordaron que hacia la victoria es aconsejable transitar desde el apego a los riesgos. Sin lirismos ni conductas suicidas. Un nutrido puñado de entrenadores construyó conjuntos equilibrados y solidarios sin resignar atrevimiento. El segundo semestre del año invita a soñar con un placentero contagio.  

"El juego se fue poniendo serio; lo útil devaluó a lo bello y el resultado se hizo dictadura" , explicó un día Jorge Valdano. Como la derrota habitualmente es vista como un cataclismo, muchos entrenadores saben que se juegan el puesto y el prestigio en cada partido. Por un natural instinto de supervivencia, entonces los temores acorralan a la creatividad. Y una buena porción de la prensa, también, se entrega a la gimnasia de glorificar al vencedor y castigar al derrotado. Pero... Huracán no salió campeón, ¿no? Huracán perdió, pero no quedó desautorizado.  

Todo comenzó cuando muchos directores técnicos, demasiados en realidad, sacrificaron las ideas por el resultado. Aquellas palabras de Luxemburgo eran una alerta. Se sabe que el fútbol de hoy pone el acento en la destrucción y no en la creación, pese a que la capacidad de ejecución del futbolista es mucho más importante que la partitura que se le propone. Afortunadamente, sobreviven excepciones que aparecen para demostrar que, con el toque como vehículo, la atracción y el éxito pueden tenderse la mano: Barcelona lo rubrica en el planeta. Claro que no todos disponen de la misma materia prima, pero las ideas no son propiedad de nadie. Y copiar algunas para no inclinarse ante la era del fútbol ajedrecista no está nada mal.  

"Durante muchos años me dediqué a analizar cuáles eran los pedidos de los hinchas. Y encontré que querían una selección que no haga trampa, que ataque siempre y que sepa cuidar la pelota. Conseguimos todo esto y así creí que nos íbamos a ganar el respeto de la gente, pero eso era una mentira. A la gente lo único que le importa es ganar. Y vale de cualquier manera" , se lamentó en un momento Marcelo Bielsa, mientras conducía a la selección postderrumbe en el Lejano Oriente. A ese mensaje social perverso del que hablaba Bielsa Huracán se las ingenió para inyectarle un antídoto.  

Fuera del campo es otro debate; ahí Huracán naufraga como tantos tras marejadas de desprolijidades. Pero en la cancha el equipo de Parque Patricios reivindicó el toque como búsqueda. En el fútbol actual, donde hay un predominio de lo prefabricado sobre lo espontáneo, Huracán jamás descartó la posibilidad artística ni descuidó la fascinación. Pero perdió. ¿Un traspié alcanza para que todo quede tapado por el descrédito? Claro que no. Y si la voracidad en la búsqueda resultó innegociable para Cappa, afortunadamente también lo fue para Gareca, Zubeldía, Mohamed, Cocca, Simeone, Madelón, Cagna, Sabella, Sensini, Borghi... Algunos apuestan por el vértigo y otros creen en la pausa. Pero siempre hacia adelante. Varios equipos se animaron, sencillamente, a jugar. Apenas uno podía salir campeón. Pero fueron muchos más los que se abrazaron a la convicción de avanzar.  

Unicamente Gareca salió campeón y, sin embargo, como hacía mucho tiempo no ocurría, apenas hay dos entrenadores nuevos (Basile por Hugo Alves y Cuffaro Russo por Russo) entre el final del Clausura y el estreno del Apertura. Sólo uno ganó, pero desafiando las voraces leyes de los resultados, parece que muchos más quedaron conformes. Ojalá estén a salvo lo brotes de coherencia que se comenzaron a regar.  

 
 
 
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