SAN JUAN DE PUERTO RICO.- Es normal que los equipos consagrados comiencen con una derrota cualquier torneo, como le ocurrió aquí a la Argentina frente a Venezuela. A la memoria vienen rápidamente varios casos: Yugoslavia en el Mundial 90, cuando debutó en la subsede Santa Fe con una sorpresiva caída ante Puerto Rico y después fue campeón. Le pasó a Estados Unidos en Atenas 2004, que empezó los Juegos perdiendo también con los boricuas. Y a la Argentina, en el Preolímpico 2003, cuando de arranque tropezó con México en el juego inaugural y después llegó a la final, clasificándose para Atenas 2004.
Cuando hay potencial puede ocurrir que se subestime el certamen o que cueste motivarse. El problema es que a este plantel que vino al Premundial no le sobra nada y lo único que tiene de "consagrado" es el nombre heredado y dos jugadores (Scola y Prigioni). La ausencia de la mayoría de los integrantes de la Generación Dorada impide considerarlo poderoso y de alta categoría. Aquí hay algunos jugadores debutantes y otros con escaso rodaje internacional. Además, llegó a la cita bastante averiado. Con Pablo Prigioni sin entrenamiento y acoplado a último momento; con los tiradores más eficaces sin la puntería acostumbrada (Leo Gutiérrez y Paolo Quinteros) y con un bajón anímico demasiado pronunciado, alarmante.
Por eso le costó lo que le costó alcanzar una ubicación digna en la primera serie clasificatoria. Terminó acumulando dos puntos de oro después de sufrir y gastar mucha adrenalina en el crucial choque con los dominicanos. Pero, por otro lado, tanto sufrimiento le permitió templar el espíritu, recobrar la confianza, comprender cuál era el camino (defender al límite de sus energías los 40 minutos) y rescatar a algunos hombres que parecían muy relegados y ponían en riesgo el objetivo de conseguir el pasaje a Turquía. Federico Kammerichs, Andrés Pelussi, Matías Sandes levantaron mucho su nivel y hasta Diego García y Juan Cantero respondieron con acierto desde Brasil (2do partido) en adelante.
Eso es lo más valioso, ahora el plantel utilizable se amplió. Hay buenos relevos para casi todos. También cotiza en oro haber padecido una de las peores crisis de los últimos años y encontrar después las soluciones para ver la luz. Puede afirmarse que esta primera rueda fue un regenerativo que sirvió para curtir la piel, endurecer la cabeza y convencerse de cómo hay que trabajar por lo que resta del torneo. De estar muy mal se pasó a un estado de alivio, ilusión y expectativa que podría permitir la consagración de un nuevo grupo. Pero queda mucho camino por recorrer todavía.