Sergio García, Abelardo Carabelli, Juan Simón, Osvaldo Rinaldi y Osvaldo Escudero, hoy, con la camiseta que el Pichi usó en Japón | Federico Guastavino - LA NACION Por Andrés Prestileo
De la Redacción de LA NACION
¿Por qué vale la pena recordar a ese equipo? Porque lo que impone hoy el calendario es sólo una buena excusa para hablar de un momento en el que el fútbol fue una modesta forma de alegría. Aunque suene extemporáneo en estas horas en las que cualquier cosa vinculada con un seleccionado argentino suene a referencia sombría del partido con Brasil. Hace hoy 30 años la sensación que nacía desde una cancha, o más bien desde el televisor, era diferente.
Las historias que se cuentan sobre el juvenil campeón mundial en 1979 son ciertas. Es verdad que despertarse de madrugada para encender la TV se había hecho costumbre. Es verdad que aquel equipo jugaba y ganaba como muy pocos otros se recuerden en estas tres décadas. "Tipos de laburo me dicen que nunca se levantaron temprano con tanta felicidad. Eso significa que les dábamos algo más que un resultado", dice hoy Osvaldo Rinaldi, que hace poco más de un mes cumplió 50 años. Estricta verdad la de Rinaldi, uno de los más locuaces cuando parte del grupo se reúne, como esta vez, en una mesa de amigos en el restaurante Annetta, en Palermo. Detrás de esa profusión de bromas y anécdotas que comparte con Sergio García, Abelardo Carabelli, Juan Simón y Osvaldo Escudero está el espíritu de amistad que en la cancha, durante aquellos trece días mágicos de Japón, los hizo funcionar como una orquesta brillante desde la goleada inicial a Indonesia hasta la final con la Unión Soviética.
Pasando por el tremendo partido con Uruguay. "El primer tiempo fue lo más complicado. Durísimo. Ganamos gracias a la viveza del Pichi", cuenta García. "Alagüich quiso salir jugando pero me la dio a mí, y después lo vi al Pelado Díaz, que estaba solo para definir", completa el aludido. Ese partido con un Uruguay que había llegado como candidato era la continuidad de una saga áspera, que comenzó en enero de aquel año. "El Sudamericano de Montevideo fue terrible. Con Paraguay, que tenía a Romerito, empatamos 0 a 0 en un partido complicado. Tanto que en Japón era el rival al que más respetábamos. Y con los uruguayos fue tremendo, con algo de escándalo, problemas en la calle con los argentinos...", refiere Simón. Ciertamente, aquel torneo continental, que ganó Uruguay, había sido un fenomenal examen de carácter y de juego. El equipo de César Luis Menotti lo aprobó con holgura a pesar de no haber alcanzado el título. Esa amargura quedó en el segundo plano de un proyecto que ya alumbraba los primeros golpes de escena de Diego Maradona, como el fenomenal golazo a Perú en la primera rueda.
La primera parte de la final fue, probablemente, el único lunar de incertidumbre en un camino impecable. Los soviéticos jugaban mejor y los nervios tenían endurecidos a los pibes argentinos. El gol de Ponomarev heló corazones a la distancia, pero también sirvió para desatar definitivamente al campeón. El empate de penal de Alves, la explosiva corrida de Ramón Díaz en el 2-1 que desató un festejo eufórico y desconocido en Menotti y el cierre con el tiro libre de Maradona al palo del arquero Chanov: la secuencia duró sólo nueve minutos y suscribió uno de los recorridos más brillantes e inolvidables de equipo alguno en la historia del deporte argentino.
Después, un curioso regreso a casa. "Un avión de la Fuerza Aérea fue a buscarnos a Brasil. Bajamos en Aeroparque. Ahí sólo estaban nuestros familiares. Ellos fueron a la AFA y nosotros subimos a un helicóptero que bajó en la cancha de Atlanta. Desde ahí, en ómnibus a la Casa de Gobierno", relata García. "Mucha gente se acercó a saludarnos. Después, ciertamente hubo un aprovechamiento político de lo que habíamos hecho. Por supuesto que nosotros no nos dábamos idea. La verdad, nos encantaba todo, pero veníamos de 36 horas de vuelo y queríamos descansar. Los trajes con los que fuimos a la Casa Rosada estaban impresentables de tan manchados y arrugados", completa Rinaldi.
¿Se puede jugar hoy el fútbol que ellos jugaban? "Huracán lo hizo en el Clausura", recuerda Carabelli. "Trató de hacerlo, sí, pero con otro sistema. Nosotros podíamos trasladar más, se jugaba más lento", dice Simón. "Pero la esencia -le contesta Rinaldi- es la misma. Siempre se puede jugar bien al fútbol. El problema es que no se intenta."