Cumplió con la promesa que hizo apenas alcanzó la gloria. "Mi vida no va a cambiar", adelantó Juan Martín del Potro horas después de la consagratoria actuación en el Abierto de los Estados Unidos. Entonces, no resultó extraño ver al gran campeón en la Catedral, pues cada vez que está de paso por Buenos Aires, no suele faltar si el CASI actúa como local. ¿La razón de esta relación, ya convertida en simpatía? Nació a partir de la estrecha amistad con Nicolás Pandelo, back del conjunto sanisidrense, vecino y amigo de su Tandil natal. Pandelo está lesionado -regresará el próximo fin de semana-, pero igual Delpo no falló a la cita. En una de sus tantas visitas al club sanisidrense, confesó que si bien "no entiendo mucho de qué se trata, me gusta ver partidos de rugby."
Iban 14 minutos del primer período cuando apareció la longilínea figura del mejor tenista argentino del momento. Inmediatamente, la multitud, que se desentendió del muy interesante encuentro, lo recibió con una sostenida ovación. El continuó con su característico paso lento, agradeció el reconocimiento levantando tímidamente el brazo derecho para saludar y se sentó en la tribunita de madera donde habitualmente se ubican los suplentes de la Academia -quedó en segunda fila, entre Pandelo y Fernando Gregorini.
Su presencia movilizó, especialmente, a los más pequeños, que no demoraron en amontanarse a sus pies para sacarle fotos con los celulares. No faltaron los incesantes pedidos de autógrafos, que respondió con cierta reticencia, porque prefirió concentrarse en ver lo que sucedía en el campo de juego.
Durante el intervalo, Del Potro se refugió de sus fans en la antesala del vesturio local y emergió una vez que comenzó la segunda etapa. El mismo operativo se repitió al terminar el encuentro, aunque en esta ocasión se entremezcló y saludó a los rugbiers. Esquivó hacer declaraciones, merendó con los jugadores y luego partió.
El encantamiento por el N° 5 del mundo le dio más brillo a una estupenda jornada, y aunque el festejo fue sólo de la gente de Alumni, muchos más se llevaron un recuerdo inolvidable.