La amarga noche de Asunción en la derrota con Paraguay terminaba con un debutante de 36 años, Schiavi, y otro de 35, Palermo, que volvía a ponerse la camiseta celeste y blanca después de 10 años. Los ingresos de esos dos futbolistas, con muchas batallas en el fútbol argentino, se convertían en el reflejo de la desorientación del seleccionado. En definitiva, como tantos otros convocados en lo que va del ciclo de Diego Maradona, no son más que la demostración de los manotazos que tiene que dar el DT a estas alturas, cuando ya no causa sorpresa que el equipo se quede fuera de Sudáfrica 2010.
La progresiva decadencia que se fue apoderando de la Argentina generó este escenario para estos llamados que llegan con el cartel de salvadores. Maradona hizo todo lo posible para que todos los defectos que podían intuirse desde antes de su designación aparecieran en escena: la falta de experiencia en el puesto, la inadecuada conformación del cuerpo técnico, su poco apego al trabajo táctico, la incoherencia en las convocatorias y la incapacidad para extraer lo mejor de varios jugadores que en sus clubes son figuras internacionales. Por todo esto, hoy no queda margen de error y la inestabilidad se apoderó de la situación.
Los resultados hacen que aflore una vieja e insólita disyuntiva: ¿los de allá o los de acá? Todo profesional de elite puede estar en la selección; los mejores pueden hacerlo y no debe haber marginados. Acá o allá, saben de títulos y vueltas olímpicas. Algunos disfrutaron de transferencias millonarias. Pero todos, algunos más y otros menos, tienen una cuenta pendiente con la selección. Por eso nunca desaparecieron las críticas y nuestro fútbol ejercitó esa costumbre tan argentina por la división entre los de Europa y los del ámbito local, aunque se debe consignar que los de acá en poco tiempo se transforman en los de allá.
Quedaron muchas dudas sobre el nivel de Ghana como para sacar conclusiones definitivas tras el triunfo. La prudencia debería ser la mejor consejera. Una vez más, Maradona entrenará a un grupo amplio, con muchos nombres discutidos y a los que deberá transformar en futbolistas convencidos. Convencidos del orgullo que significa vestir la camiseta nacional. Convencidos de que los colores están por encima de los nombres. Convencidos de que pueden salir vencedores y se espera que sin las trampas de la histeria. Convencidos de que no hay mal que dure 100 años. Convencidos de que la renovación, la convivencia de los de antes y los de ahora, de los de acá y los de allá, es posible. Convencidos. Es lo que más se necesita.