Por Juan Manuel Raimundo
Para LA NACION
Rosario Central había disfrazado su realidad en las primeras fechas. Ganaba, gustaba, estaba en la cima. Con los pibes, creía que todo era posible: escapar al fantasma del descenso, apuntar a las copas, soñar con otras historias. En las últimas fechas, sin embargo, cortó su serie ganadora. Perdió partidos, perdió puntos fundamentales. Como el de ayer, con Arsenal, un conjunto que comenzó mal y que, de a poco, transformó su suerte. Sobre todo, su fortuna. Porque no mereció derrotar a Central por la mínima diferencia. Apenas si fue ese cabezazo de Jara, a cuatro minutos de final, la pequeña gran diferencia entre un conjunto y otro.
No mereció esa suerte el equipo de Sarandí. Aunque sí, acaso, de su entrenador, Jorge Burruchaga, que un minuto antes hizo ingresar a Matos, el autor del centro del gol de Jara, por el inexpresivo Medina. Justo a tiempo, como diría Julián Weich, en su programa de TV.
Durante la primera parte, en un contexto de paridad, Central resultó levemente mejor. Un mano a mano que Campestrini resolvió con acierto frente a Zelaya y un cabezazo de Braghieri, que chocó con el travesaño, expresaron esa mejor versión del equipo de los jóvenes, que intenta siempre, aunque progresa pocas veces.
Arsenal no funcionaba. Desorientado, desordenado, sin la claridad necesaria en los metros finales para abrir un partido, el equipo de Sarandí apenas si contó con una acción de riesgo desperdiciada por Medina. No tenía vuelo Arsenal, aunque tampoco Central.
Ni una mano de Yacuzzi en el área (para el árbitro Carlos Maglio, fue casual) provocó un alivio para el equipo rosarino, que se quedó mucho en los últimos minutos, acaso conforme con la igualdad, luego de aquellos primeros instantes de mejores insinuaciones.
Y lo pagó caro. Porque Arsenal insistió algo más, buscó con mayor ímpetu y con ese cabezazo transformó una lógica igualdad en una victoria impensada. Como había explicado Ariel Cuffaro Russo, el entrenador de Central, en las horas previas: "Este partido vale seis puntos".
Lógicamente, vale tres. Como todos los encuentros. Pero, en su interior y luego de un fantástico comienzo, Central siente que perdió seis unidades. Las que disfruta Arsenal.
Maglio tuvo una tarea discreta. Y dijo que no fue penal una mano de Yacuzzi en el área: "Saca el pecho y abre los brazos sin intención".
Jorge Burruchaga, el DT de Arsenal, festejó la victoria. "Fue fundamental por el promedio. Rosario Central es un rival directo", comentó.
Había empezado con todo: cuatro éxitos seguidos. Ahora está muy mal: hace tres partidos que no gana... y sin marcar goles.