En el plano estadístico, por lo que marca la irrefutable tabla de posiciones, el seleccionado no depende de sí mismo para ocupar una de las plazas que da pasaje directo al Mundial. Necesita que otros resignen puntos y, quizá lo más complicado, ganar los propios. Las experiencias en estas eliminatorias rumbo a Sudáfrica 2010 son desalentadoras. La sensación que dejaron las derrotas con Brasil y con Paraguay es que la Argentina apenas si está en condiciones de defender el quinto puesto del repechaje. Con esta dinámica, a medida que pasaron las fechas, dejó de ser sorpresa la posibilidad de quedar afuera del próximo Mundial. Ni siquiera ser local ante el eliminado Perú alcanza para alentar expectativas y resulta agobiante saber que se estará jugando el destino y el futuro en Montevideo, frente a Uruguay, por la última fecha.
En el plano futbolístico, primero con Alfio Basile y después sin poderlo revertir Diego Maradona, la declinación que el seleccionado experimentó puede retratarse con una enumeración bastante nítida: no tiene juego, no reacciona ante la adversidad y se deja estar sin mostrar rasgos de evolución ni de identidad. Es probable que los jugadores se sientan desprotegidos por la falta de una idea de juego y una estructura táctica que los contenga, pero eso no los libera de esta situación tan apremiante. Hay futbolistas de experiencia, habituados a la alta competencia internacional, a ganar títulos en Europa. La Argentina tiene a Lionel Messi, la individualidad que seguramente este año se llevará el FIFA World Player al mejor del mundo. Y ahora Pablo Aimar, un socio para que potencie sus recursos.
Por otro lado, la interpretación práctica marca que los últimos resultados encendieron el desánimo del público. El ritmo lento de la venta de entradas marca el golpeado entusiasmo de la gente. La visión comercial sabe muy bien de estas cuestiones, empezando con el bombardeo de promociones que apelan al sentimiento y a la fiebre mundialista.
Con la estadística colgada al cuello, la sensación es clara y bastante temeraria: otro tropezón deja al fútbol argentino fuera del Mundial. Pasó otra semana cargada de reproches en el cuerpo técnico y con poco apego al trabajo táctico. Estará en los jugadores encontrar las respuestas que no llegan de más arriba. Encerrados en la concentración de Ezeiza, los futbolistas lanzan promesas de que van a sacar la cosa adelante y que la clasificación al Mundial es un sueño posible. Desde ahora, concentrarán todas las miradas y las responsabilidades. La esperanza es que se trasladen a Sudáfrica 2010.