MEDELLIN.- Marcelo Bielsa llegó con dudas, con timidez, con sospechas. No le abrió la puerta grande Chile en aquellos días de agosto de 2007. El tiempo, al final, le dio la razón al gran estratego. Se ganó a todos: a los jugadores, a los dirigentes, al público. Hasta a los políticos. Algunos hasta solicitan, a futuro, hacerle un monumento. Ayer, nomás , dio charlas de fútbol y liderazgo a una sociedad que siempre observa con recelo a los extranjeros, sobre todo, a los argentinos. Pero Bielsa les ganó a todos. Y con su trabajo, con su planificación, con su vuelo ofensivo, tomó el mejor envión posible: Chile volverá a participar en un Mundial, luego del fantástico triunfo de anoche frente a Colombia por 4 a 2. En Medellín, con la grandeza que sólo tienen los poderosos. Chile, desde ahora, siente que todo es posible. Hasta dejar vacío a Colombia, que aún tenía esperanzas de clasificarse. Y en su tierra.
Así, Chile regresa a una Copa del Mundo, después de haber participado por última vez en Francia 1998, con la conducción de Nelson Acosta. Alcanzó los 30 puntos y quedó en la tercera ubicación, solamente por detrás de Brasil y Paraguay, que ya habían certificado con anterioridad sus pasaportes a la cita africana. Y mientras la Argentina sufre por su juego, por su cuerpo técnico y por sus dudas, Chile, con Bielsa, ya es parte de Sudáfrica. Y Paraguay, con Martino, ya estaba clasificado para el Mundial. Dos excelentes entrenadores argentinos, acaso observados con recelo en nuestro país.
Con el planteo audaz que lo define, la Roja supo sobreponerse a la adversidad que representó quedar en desventaja a los 13 minutos de la primera etapa, con un gol en contra convertido por Arturo Vidal, después de un grosero error del defensor de Boca, Gary Medel. Bielsa cambió rápido: hizo ingresar a Jorge Valdivia por Matías Fernández. Y sobre los 35 minutos, el enganche metió el centro para el cabezazo goleador de Waldo Ponce, el hombre de Vélez.
Un minuto más tarde, Chile se puso arriba, con un nuevo desborde de Valdivia, la figura de la cancha, que motivó la palomita de Humberto Suazo. El partido ganó en intensidad. Giovanni Moreno empató y, a puro contraataque, Chile ganó a lo grande. Valdivia y Orellana sellaron la gran victoria de Chile, que ganó a lo campeón. Para la historia.