Disfrutó de los años dorados, cuando las vueltas olímpicas y los festejos se repetían en Núñez. Ahora, con la experiencia que ofrecen los años, le toca padecer los sinsabores que implica la falta de resultados, los vaivenes futbolísticos que desestabilizan y modifican los objetivos de River. Empero, Marcelo Gallardo, referente del plantel que intenta reencauzar el técnico Leonardo Astrada, mantiene el apasionamiento por el juego y enarbola un discurso optimista. Con las palabras intenta despertar el orgullo de sus compañeros, de aquellos que no tuvieron la suerte de experimentar los tiempos de bonanza. Esta vez, cuando el torneo llegó a la mitad del recorrido, las metas de los millonarios son poco pretenciosas: la clasificación para la Copa Libertadores de 2010 es el desafío. Y el Muñeco es sincero cuando tiene que declarar. "Pensar que se salva el año con un triunfo el domingo sería una mediocridad. Hubiésemos querido llegar de otra forma, pero estamos jugando por otras cosas, que no pasan por el objetivo que nos propusimos a principios del campeonato. Estamos buscando una recuperación; este partido tiene que servir para encontrar una identidad, un estilo para que la gente sepa cómo quiere jugar River. Hay que demostrar que nos sentimos capacitados para jugar con la camiseta de River, tiene que ser un orgullo vestir esta camiseta. Hay que pensarlo así y con esa premisa hay que salir a jugar", dijo el capitán de los millonarios, en rueda de prensa, ayer, en el Monumental.
Es el futbolista del plantel con mayor cantidad de partidos frente a Boca, con 12 encuentros; también, quien les marcó por última vez a los xeneizes, en el Clausura 2009. Pero Gallardo no quiere recostarse en el pasado: opta por seducir a todos sus compañeros y que esto repercuta en el funcionamiento de una estructura que ofreció una pequeña señal de reacción con Huracán. "Tenemos que estar todos enfocados, desde el arquero hasta el que no juega. El entrenador tiene que tener variantes, porque estos partidos no se ganan porque dos o tres futbolistas ese día se levantaron bien. Se necesita de todos. Ganar sería un envión anímico importante, porque venimos golpeados desde hace tiempo. Es una responsabilidad enorme, pero también hay que disfrutar, porque es un privilegio jugar este partido. Igualmente, debemos ser los actores principales del superclásico", comenta el capitán, de 33 años, que frente a Huracán disputó el partido N° 200 por torneos locales con la camiseta de River.
No estuvo solo Gallardo en la cruzada por levantar el espíritu, porque Matías Almeyda, otro histórico de este grupo, sacó a relucir el temple y motivó al resto. "Uno puede venir muy bien y el otro muy mal, pero éste es un partido totalmente diferente. Sabemos que nos jugamos el orgullo. La alegría de la gente y la alegría nuestra hacen que sea un partido distinto. Creo que todos en el plantel son conscientes del partido que se viene. Nosotros no estamos para regalar nada y los clásicos hay que ganarlos", explicó el volante.
Apenas faltó la voz de Ariel Ortega para que los tres emblemas de River ofrecieran su pensamiento, la particular mirada para un partido que todavía les provoca un cosquilleo.