Inquieto por expandirse siempre hacia nuevos mercados, el golf encontró hace un año a la persona ideal: Ryo Ishikawa. Le dicen "El Príncipe Tímido", y este apodo podría ir en contra del carisma y la popularidad que pretende hallar el PGA Tour entre sus animadores. Sin embargo, su carácter reservado es lo de menos: sobre sus espaldas hay nada menos que 128 millones de habitantes que se ilusionan con su éxito. Japón entero, un país apasionado por este deporte, ya encumbró a este chico de 18 años que parece destinado a quemar hojas del calendario con llamativa facilidad.
Sonríe casi con culpa, es educado al extremo. Aunque detrás de ese rictus apocado hay un jugador audaz que aspira a desbancar dentro de unos años al mismísimo Tiger Woods. Lo de Ishikawa no es sólo pirotecnia: el chico brilla en el Japan Golf Tour, donde ganó cuatro certámenes y se subió a lo más alto de la Orden de Mérito en 2009. Pero el mundo ya lo conoce por sus incursiones en el PGA Tour, en donde le abrieron las puertas de par en par por sus innegables condiciones y también, cómo no, por su tremendo aparato publicitario dirigido a la región asiática.
Quizás su vida haya estado moldeada para resucitar el interés del golf en Japón y pegar un golpe de efecto después de la huella que dejaron sus compatriotas Isao Aoki, Masashi "Jumbo" Ozaki y Shigeki Maruyama, entre otros. Ryo es hijo de Katsumi, un banquero millonario y ávido golfista que fue su primer maestro cuando cumplió los 7 años. Katsumi no sólo lo aconsejó y le explicó los movimientos básicos del swing: al lado de su casa en Saitama ordenó construir una cancha con los búnkers de arena de feldespato, idénticos a los del Augusta National, y greens de hierba bent, tal como los que hay en el exclusivo club de Georgia.
Es curioso con la entereza que está soportando Ryo ese mandato familiar por ser una megaestrella del golf. Apenas pesa 68 kilos y mide 1m73, pero ataja como un veterano el sinnúmero de responsabilidades implícitas de su meteórica carrera. Sólo Tiger atrae tantas cámaras y micrófonos como él. Los sponsors esperan en Ishikawa el gran zarpazo todas las semanas. Yonex, la firma de palos que lo respalda, se gastó un millón de dólares para desarrollar un driver a su medida. El 10 de enero de 2008, cuando pasó al campo profesional, firmó un contrato de cinco años con Panasonic. Pronto se plegó Toyota. Y a principios de 2009, la empresa de marketing deportivo IMG también se rindió ante su talento.
El japonesito es uno de los rostros más fotografiados en su tierra y los especialistas estiman que ganará 10 millones de dólares en los próximos años, completados ya sus estudios en la Universidad. En febrero pasado, durante el Festival de la Nieve de Sapporo, en Suskino, levantaron una escultura gigante en hielo de su cabeza, adornada con un gorro de golf. Uno de sus últimos auspiciantes ofrece como producto un dispositivo de aprendizaje rápido de inglés. Justamente el idioma fue la gran barrera con la que se topó en su desembarco en los Estados Unidos. Con todo, antes de su debut en el PGA Tour, el 19 de febrero de este año en el Northern Trust Open, se presentó ante la prensa con frescura de adolescente: "¡Hola América! ¡Soy Ryo Ishikawa, de Japón!", soltó. Después, frente a la consulta de los periodistas norteamericanos sobre la pronunciación de su nombre, respondió: "¡Ryo, Ryo!, repitan después de mí".
Los dirigentes del Augusta National se frotaron las manos cuando calcularon a trazo grueso el rating televisivo que podía tener en Japón el Masters 2009 con su presencia. Por eso, no dudaron en cursarle una invitación especial. No superó el corte clasificatorio, aunque se transformó en el segundo jugador más joven en actuar en ese Edén del golf luego de Tommy Jacobs en 1952. "Estaba sentando en el living de mi casa, mirando la TV, y mi mamá atendió el teléfono. Me lo pasó, y al principio no entendí bien el inglés, pero llegué a agarrar dos palabras, ‘Invite you’ y ‘Masters’. Estaba tan nervioso que me puse pálido y colgué el tubo", confesó, acerca de los entretelones de su acceso al primer major del año.
Es increíble la manera en que, periódicamente, Ishikawa quiebra récords de precocidad: a los 15 años y 8 meses se impuso en el Munsingwear Open (Japan Golf Tour) como amateur y estudiante de la Universidad Suginami Gakuin. Así, dejó atrás la marca de juventud que ostentaba Severiano Ballesteros, campeón del Abierto de Japón en 1977 con 20 años. Además, resultó el jugador más joven en la historia en meterse entre los primeros 100 del ranking mundial y ahora redobló la apuesta al ser el más novel en ingresar entre los mejores 50 de ese listado (hoy figura en el 35º puesto).
Su último papel protagónico lo desempeñó en la Copa Presidentes, en la que, para variar, se convirtió en el más chico en la historia del torneo. Su elección por parte del capitán del equipo Internacional, Greg Norman, generó más de un resquemor, pero Ishikawa cumplió con creces, sobre todo cuando jugó en pareja con el surcoreano Y. E. Yang. En el día de la definición, a Ishikawa le tocó medirse con Kenny Perry, de 49 años, en un duelo que parecía de padre e hijo, separados por 31 años de diferencia.
"Mi sueño es batir el récord de Tiger Woods en Augusta; quiero ganar allí antes de los 21 años", se ilusiona Ishikawa con su sonrisa blanca nacarada. No hay dudas: tendremos más noticias de él.