Todo ha cambiado desde octubre de 2008, fecha del, hasta ayer, último clásico jugado en el Monumental. Martín Palermo estaba recuperándose de su segunda operación de rodilla. Su lugar era de Lucas Viatri, autor del único gol de aquel duelo. Matías Almeyda dirigía al equipo senior de Los Castores en Nordelta y servía de opinión calificada para las transmisiones previas del clásico. Roberto Abbondanzieri atajaba en Getafe. Javier García ocupaba la vacante dejada por Mauricio Caranta tras un entredicho con el entrenador. Marcelo Ojeda defendía el arco de River y poco pudo hacer ante el cabezazo de Viatri. Carlos Ischia festejó la victoria y Cholo Simeone soportó la derrota que dejaba a su equipo en el último lugar. Ariel Ortega sufría en Independiente Rivadavia de Mendoza. Deambulaba por las canchas del ascenso.
Coco Basile recién había renunciado a la selección argentina, que se preparaba para recibir a Diego Maradona. Leonardo Astrada disfrutaba de su buena actualidad en Estudiantes de La Plata con un triunfo por 2-0 ante el Lobo jujeño. Pedro Pompilio era el presidente de Boca y Fabbiani, el nueve de Newell´s. Saúl Laverni dirigía un triunfo de Banfield sobre Racing y no se le cruzaba por la cabeza protagonizar un superclásico. Marcelo Gallardo creía que la liga de los Estados Unidos era un lugar ideal para retirarse del fútbol profesional. Julio Cáceres decía en una radio paraguaya que Riquelme corría poco y era un líder negativo. En sus polémicas declaraciones, lo contrastaba con la actitud de Palermo. Ayer Martín y Román, juntos, lo salvaron después de su tonta expulsión. ¡Cuántas cosas pueden pasar en un año!
Por ejemplo, Claudio Borghi salía de Independiente, acusado de no entender la idiosincrasia del fútbol argentino. Hoy le pone su sello a Argentinos Juniors. Roberto Sensini hacía el duelo de su corto paso por Estudiantes. Hoy le da valor agregado a un Newell´s que sueña con el premio mayor. ¿Quién conocía hace un año a Joaquín Boghossian, el temible goleador leproso de este Apertura? Estaba en Cerro de Montevideo. Angel Cappa se acercaba a Huracán con la esperanza de sacarlo de la mediocridad. En doce meses, ya pasó por todos los estados de ánimo posibles. En octubre de 2008, Pipo Gorosito era feliz como DT de Argentinos Juniors y ni se esperaba la pesadilla de River.
A Racing lo dirigía Chocho Llop. Tras sus gestiones en Argentinos y Newell´s, Caruso Lombardi esperaba una oportunidad. Lothar Matthäus sorprendía a propios y extraños como entrenador del Maccabi Netanya y aseguraba: "Quiero ser un israelí más". ¿Lo autorizará su mujer Liliana a trabajar en Avellaneda? Sea cual fuere el final de esta novela, hay que agradecerle a la Academiaeste material premium para las crónicas deportivas. Pasan los jugadores, pasan los entrenadores y pasan los presidentes. Pero Racing siempre está en el mismo lugar, expuesto a las cargadas y rescatado por su gente.
Hace un año, Julio Falcioni estaba sin trabajo tras un par de malas experiencias en Colón y Gimnasia. Santiago Silva se peleaba con esos implacables plateístas de Vélez que no lo querían ver ni en figuritas. Hoy, juntos en Banfield, plantean seriamente sus pretensiones de título. En la Argentina, los campeonatos semestrales ayudan a que el reloj acelere. Los ciclos se agotan y se renuevan a la velocidad de la luz. Sólo cuatro de los 18 equipos que hace un año estaban en primera (descendieron San Martín de Tucumán y Gimnasia de Jujuy) conservan su DT modelo octubre 2008: Tigre (Cagna), Lanús (Zubeldía), Gimnasia y Esgrima La Plata (Madelón) y Colón (Mohamed).
Seguramente, Ischia habrá mirado el partido de ayer con la mezcla de nostalgia por el pasado y la ansiedad por el futuro. Hace rato que Simeone está ocupado en otros asuntos. Dirige a San Lorenzo. Anoche, en Santa Fe, la pasó tan mal como aquella tarde en el Monumental. Su equipo perdió el invicto, dos de sus jugadores se agarraron a trompadas y a él lo echaron.
Ayer Ojeda atajó en la reserva de River y, como hace un año, volvió a perder por 1-0. Pero ningún resultado tapará su triunfo personal en su lucha contra la leucemia. Fue reconocido con una gran ovación. Hablando de arqueros, hacía mucho tiempo que Abbondanzieri no renovaba su credencial de atajapenales para Boca (Copa Sudamericana 2005). Evidentemente adelantado, se tiró sobre su izquierda para rechazar el remate de Ortega.
El fútbol tiene caprichos estadísticos. El 25 de octubre de 1998, exactos once años atrás, River y Boca empataron 0-0. Sobre ese mismo arco, Oscar Córdoba le atajó un penal idéntico a Marcelo Gallardo, tras una falta de Serna a Aimar cobrada por Angel Sánchez bastante parecida a la de Monzón contra Buonanotte (clara mano en la jugada previa).
Pero esta vez, el Muñecono iba a fallar en su especialidad. Buonanotte, que siempre juega bien contra Boca, recibió otra infracción. Y el ahora 11 de River la dejó colgada del ángulo con un clínico remate. A quince años de su primer gol en el clásico (un 3 a 0 en la Bombonera por el Apertura 1994), Gallardo confirmó su vigencia en esta gran cita. El local cristalizaba en el resultado la supremacía que ejercía en el juego. La propuesta de Astrada de negarle referencias a la defensa de Boca y rodearla con llegadores había sido muy bien ejecutada por sus futbolistas. Domingo estaba en su tarde y sorprendía como un "ocho" de toda la vida. Nicolás no figuraba ni a los premios en octubre del año pasado. Almeyda dominaba la mitad de la cancha con la autoridad que ya mostraba hace un par de meses en el clásico por el Súper 8 de Veteranos. Matías había jugado su último River-Boca hace catorce años. El día en que Ramón Díaz lanzó la predicción de que Boca, cómodo líder de aquel Apertura 95 con Maradona y Caniggia, no iba a ganar el campeonato. Y acertó. Ayer Ramón estuvo en el Monumental por primera vez desde el 8 M, la noche de Bergessio y San Lorenzo.
En el primer tiempo, Boca sólo contó un remate de Rosada, un mediocampista que hace un año jugaba en el Celta de Vigo español y ni soñaba con debutar en un River-Boca a los 31. Apenas comenzada la segunda mitad, la expulsión de Villagra le abrió una puerta al visitante, pero Cáceres se encargó de cerrarla. Reaccionó ante la provocación de Ortega, que cayó fulminado por un golpe, en una actuación tributo a Guillermo Barros Schelotto. Hasta que el zurdo Gaitán hizo la de Messi y tiró una diagonal desde la derecha hacia al medio. Riquelme metió un tacazo genial y Palermo, ya sin máscara, engordó su historial en el gran partido argentino. Martín clavó el zurdazo de primera a exactos doce años de su primer gol en el clásico (25 de octubre de 1997), el día en que Maradona terminó su carrera como futbolista y él empezó a escribir su propia leyenda.
Tras el empate, el partido se rompió. Con más espacios y menos piernas, la mitad de la cancha fue lugar de tránsito rápido. Intercambiaron golpes. Chávez no le dio de punta como quería Coco y Abelairas casi le pone música al clásico. Con el 38 en la espalda, la canción de Divididos hubiera sido obligatoria. Pero el caño salvó a Boca. ¡Divididos, Las Pelotas!, gritan a dúo Palermo y Riquelme, después de otro abrazo del alma y lejos de aquella guerra fría que explotó en el primer semestre de este año, con la eliminación en la Libertadores.
Como queda demostrado, hay muchas diferencias entre octubre de 2008 y octubre de 2009. Pero el fútbol también se ríe del calendario. ¿Cómo habían terminado en la Bombonera por el Clausura 09? 1 a 1, con goles de Palermo de zurda y Gallardo, de tiro libre. Al final, entre River y Boca no ha cambiado absolutamente nada.