Hay momentos que enseñan; instantes en los que se deben tomar decisiones que posicionan, que marcan las diferencias. Argentinos Juniors había llegado por propia voluntad y por sumatoria de méritos a una circunstancia tal: determinante, importante. Toda la semana pensando en que, al menos por un rato, la cima del campeonato podía ser propia. Todo indicaba que se había preparado para eso. Pero resultó que el equipo de La Paternal quedó a los 5 minutos, casi sin darse cuenta, de frente a la realidad para la que, supuestamente, tanto se había preparado. Y no supo qué hacer.
Como quien intenta cocinar sus primeros bocados y se quema con las salpicaduras de aceite caliente, Argentinos sucumbió ante sus propios temores. A los cinco minutos, su prestidigitador, Néstor Ortigoza, puso la ventaja en el segundo intento de penal (el primero lo había atajado Daniel Islas, adelantado), después de su propio pase preciso a Sosa, quien fue derribado por el paraguayo Manzur.
Con el envión que traía desde los camarines, el equipo dirigido por Claudio Borghi siguió ocupando cada hueco notorio que ofrecía Tigre en su propia cancha y en su propia defensa. La desconexión entre los volantes y los zagueros era, por momentos, total. Y ese vacío de pasto sin dueño lo ocuparon con sus fechorías Raymonda, Hauche y Sosa, con el maestro Ortigoza vigilando todo desde las alturas del centro del campo, como si les hubiera abierto la puerta para jugar.
El maestro, sin embargo, no se dio cuenta de que la luz de sus muchachos, como el día, se apagaba lentamente. Incluso, en el final del primer tiempo quedó cierta sensación de que Tigre, con algo más de fútbol que de empeño, hubiera podido anotar.
Aun a pesar de cortarle el empuje, el entretiempo le sirvió más a Tigre que a Argentinos, porque el primero profundizó sus intenciones de quebrar la valla visitante. Insistió en pocas ideas, jugó más con el retraso territorial del Bicho que con su propia capacidad para encerrarlo. Pegó golpes a ciegas y encontró por una vez la mandíbula: a los nueve minutos, cuando el persistente Luna hizo lo suyo para que Morel entrara por el carril izquierdo del área y definiera cruzado.
La entrada de Coria le devolvió algunas intenciones a Argentinos, que arrinconó a Tigre en un par de jugadas allá por los 39 minutos: Islas le sacó un zurdazo a Coria, Manzur sacó sobre la línea un cabezazo de Fede Domínguez, Canuto cabeceó al palo y Caruzzo se perdió el gol cerca del arco. Suspiros.
Argentinos podría ser puntero, pero no lo es. Quizás, en este fútbol inestable, tenga la oportunidad de volver a decidir.