Ignacio Novillo Astrada felicita a su hermano, Miguel, que acaba de convertir el gol de oro | Emiliano Lasalvia - LA NACION Por Carlos Beer
De la Redacción de LA NACION
Esta película el polo argentino ya la vio varias veces. Esta trama en la que el espectador vislumbra un desenlace y luego aparece una situación inesperada. Se trata de otra producción de la familia Novillo Astrada, los cuatro hermanos expertos en cambiar historias que parecen escritas. Y lo hicieron una vez más: La Aguada Tupungato Winelands venció por 15-14 a Pilará Piaget, en chukker suplementario, y se convirtió en el segundo finalista del Abierto de Hurlingham YPF, por lo que jugará el sábado venidero con Ellerstina para defender el título que conquistó en 2008.
Esta película el polo argentino ya la vio varias veces. Miguel Novillo Astrada, dando una lección de frialdad en el momento en que los partidos queman. Throw-in contra las tablas a la altura de las 60 yardas. La bocha garabateaba entre los ocho tacos y las 32 patas de los caballos. Y quién sabe cómo hizo, pero lo hizo de nuevo, como tantas otras veces. Inexplicablemente, Miguel salió libre de esa maraña polera y, en sólo siete segundos, cerró el partido. Le dio tres toques a la bocha y un cuarto con la potencia necesaria como para que la esfera cruzara los mimbres y La Aguada festejara en el primer suplementario de la temporada.
Ese fue el final inesperado, porque un puñado de minutos antes, cuando se cerraba el séptimo chukker, Pilará parecía tener el partido controlado. Supo aprovechar sus momentos frente a los mimbres, hecho que La Aguada no consiguió. Los Novillo son cultores de la eficacia: suelen ganar partidos en los que llegan mucho menos al arco rival que su oponente, pero concretan más. Esta vez fue al revés. Y Pilará, con una buena defensa y una muy buena tarde de Santiago Chavanne, estaba 13-10 arriba en el marcador. ¿Injusticia? Es tan difícil ser juez y parte en un deporte como el polo, y bajar el martillo de la equidad sobre merecimientos de unos y otros. Si Pilará había hecho hasta entonces los goles que La Aguada no convirtió, eso también es parte del deporte.
Para una remontada como la de los Novillo, hace falta carácter, concentración y una dosis de suerte. Cuando terminaba el anteúltimo parcial, de una jugada confusa Eduardo Novillo Astrada quedó frente a los mimbres para poner el descuento circunstancial de 10-12, cuando el reloj marcaba 7m29s, es decir, un suspiro antes de que sonara la segunda campana. En el octavo, de nuevo Eduardo se vistió de héroe: gol a los 58s y otro más a los 3m42s. Entre los números dos del polo argentino, sin dudas es el de mayor presencia en los mimbres en goles de jugada en instancias clave.
Hasta el cierre del tiempo reglamentario quedaban un penal de Ignacio de sesenta yardas y uno de Marcos Heguy de lugar, cuando se jugaban 6m07s. Un detalle imposible de dejar de lado: si los Novillo consiguieron dar vuelta esta historia, fue por mérito propio y también por defectos del oponente. Pilará es un muy buen equipo, de eso no hay dudas. Pilará despliega, la mayoría de las veces, un juego agradable para la vista. Y Pilará, también, es un equipo al que le falta madurar los partidos y no caer en lagunas que le hagan retroceder varios casilleros en cotejos que lleva bien. Le pasó ayer, y ya le había sucedido en la final de Tortugas ante Ellerstina. En Palermo, con el regreso de Agustín Merlos, se verá qué pesa más: si su potencial o sus altibajos.
Esta película ya la vimos. Se habla de los equipos de 40 goles. De lo que da Pilará. De los Heguy. Pero La Aguada, en silencio, está en otra final. Como tantas veces. Como tantos guiones que ha escrito desde lo inesperado.