Acaso sea necesario remitirse, cuanto menos, a la ineptitud o a la falta de sentido común de los dirigentes a cargo del ajedrez argentino para comprender las causas y los porqués de las ausencias de los mejores jugadores del país en el Campeonato Mundial Juvenil (Sub20) que se desarrolla en la ciudad de Puerto Madryn (Chubut).
Es que resulta difícil digerir que una competencia de alto nivel internacional que se realiza en la Patagonia argentina y que vuelve al país después de 17 años, no cuente entre sus invitados con Antón Kovalyov y Damián Lemos, ambos con título de gran maestro, u otros como Christian Goldwaser, Germán Della Morte y Sebastián Iermito, que conforman el lote de los ajedrecistas más relevantes en la categoría vernácula. Sus lugares fueron ocupados por otros jóvenes talentos -algunos, incluso por el mérito propio de pasar exitosamente una preselección o clasificación, y otros, invitados 48 horas antes del comienzo del certamen- que poseen un nivel de fuerza de juego menor y, por ende, con escasísimas posibilidades de llegar a dar pelea por un lugar en el podio. Así, una vez más, año tras año, sumando sainetes y dislates el ajedrez argentino se va alejando cada vez más del oro y hundiéndose más en el barro.
Es que en esta categoría juvenil, en la que se consagraron figuras como Bent Larsen, Boris Spassky, Garry Kasparov o Viswanathan Anand, la Argentina acuñó tres medallas doradas: Oscar Panno (1953), Carlos Bielicki (1959) y Pablo Zarnicki (1992), el último gran logro individual del ajedrez argentino, del que se cumplen 17 años. Marcelo Tempone triunfó en la categoría Cadete, en 1979. Sin embargo, como si lo prioritario fuera la recaudación y no la promoción o el reconocimiento, los ajedrecistas argentinos que deseaban forjar experiencia frente a los mejores maestros visitantes debían desembolsar US$ 100 para gastos de inscripción y 875 euros para el alojamiento, obligatorio en un hotel de 5 estrellas. La jugada reflotó un nuevo refrán en el ámbito doméstico: aquí, "billetera mata talento", o, lo que es lo mismo, en nuestro país juegan al ajedrez los que pueden y no los que quieren.
Pero aún hay más. De los cinco ausentes sólo hubo tratativas con dos. "Esta gente de FADA, que me debe 800 dólares de mi participación para la Argentina en la Olimpíada de Alemania, en noviembre de 2008, me propuso que para cobrar ese dinero debía viajar a la Argentina a jugar el Mundial en Madryn. ¡Son increíbles!. ¿Yo debía movilizarme desde Canadá y jugar un torneo para cobrar lo que me deben? Ya basta, no quiero saber nada más con ellos", contó a La Nación, ofuscado, Antón Kovalyov, N° 2 del ranking local y la figura bajo bandera argentina con mayor proyección a nivel internacional, desde su hogar, en Montreal.
En tanto, el caso Lemos despertó otro sonrojo. El ajedrecista que a más joven edad obtuvo el título de gran maestro en el país recibió 72 horas antes del comienzo de la prueba un ofrecimiento que incluía el alojamiento y el traslado gratis. Damián, que tiene 20 años y que no sólo piensa como un gran maestro frente al tablero, consideró inoportuna la propuesta a tan sólo horas del arranque del certamen. "No es serio que me tengan en cuenta después del cierre de la inscripción y que vaya a un Mundial sin una adecuada preparación", dijo.
Así, con parches, remiendos e improvisaciones, el ajedrez argentino languidece día a día. La fuga de cerebros pone en jaque a su conducción. Afortunadamente todavía hay mentes como la de Damián y las de otros jóvenes. Acaso aún quede una esperanza.