Busse, Silvera, tapado, Piatti, Vella, Rodríguez y Matheu, en el festejo del primer gol de los Rojos en la vuelta a casa | Emiliano Lasalvia - LA NACION Por Alejandro Casar González
De la Redacción de LA NACION
El sueño dejó de ser una utopía. Después de esperar tanto tiempo para que volviera a rodar la pelota en el estadio Libertadores de América, el estreno del nuevo hogar de Independiente tenía reservada una noche de felicidad y goles. Mientras la nostalgia y la emoción no pueden olvidarse de la mítica doble visera , que tanto aplaudió las epopeyas del pasado, la mirada de hoy se deja llevar por las tribunas de corte europeo, más acorde con los tiempos modernos que imploran por alegrías como las de anoche, frente a Colón, por 3 a 2.
Fue con el dramatismo que contemplan los partidos de este campeonato y que el fútbol siempre tiene a mano. Independiente llegó a la explosión de ganar en la inauguración oficial en el estadio Libertadores de América por la vía impensada del sufrimiento, de la angustia.
La construcción de una noche inolvidable, por donde se la mire, comenzó con una precisa definición de Andrés Silvera, que a los 12 minutos del primer tiempo marcó el primer gol que hizo levantar al público de las flamantes butacas. Nada menos que el goleador de aquel equipo campeón de Américo Gallego en 2002 volvió a inscribir su nombre en la historia de los Rojos. Esta vez en un escenario renovado e impecable.
El arranque no hacía presumir que Independiente iba a padecer en los minutos finales. Cierto control de la pelota y la disposición para ocupar el campo rival mostraban a los locales con la iniciativa. Y hasta Silvera pudo hacer otro gol con su sello, al entrarle a la pelota con la cabeza y con fuerza para que el arquero Pozo desviara con ayuda del palo.
Sin motivos que justificaran frenar su obra, el conjunto de Avellaneda empezó a dejarse estar, a llegar tarde a las pelotas dividas, a perder los rebotes... Lo dejó crecer a Colón, que había asomado tímidamente, tratando de descubrir cuál era el papel que le dejaba el Rojo en una noche de estreno. Y como los dirigidos por Antonio Mohamed tienen buenos jugadores para aprovechar licencias, Independiente se complicó solo. En una defensa en línea, Federico Nieto quedó en posición para marcar con un bombazo alto que impactó en el travesaño y se metió ante la mirada de Gabbarini.
Para apresurar el recorrido hacia una noche perfecta, Ignacio Piatti fue un torbellino en los últimos minutos del primer tiempo y pudo marcar, con rebote incluido en Garcé. Ya en el segundo tiempo, los planes de los Rojos contaron con el beneficio que aportó la expulsión de Fuertes, tras un codazo sobre Busse. El desorden se apoderó de Colón y los Rojos ampliaron con un gran contraataque de Piatti, la figura del partido.
Poco después del gol entrometido de Alfredo Ramírez, el árbitro Saúl Laverni marca el final y late el nuevo estadio. Se abrazan los hinchas locales, envueltos en banderas, vestidos de rojo, con la locura de la pasión. Lloran muchos de ellos, aferrados a su lugar de pertenencia, tal vez imaginando repetir las hazañas conseguidas en la vieja y querida doble visera ... Independiente le dio vida al cemento, en una noche única, irrepetible.
7 son los años que llevaba sin poder ganar Independiente frente a Colón en su estadio; la última vez fue en el Apertura 2002, por 7 a 1.