¿Quién quedó más expuesto, más manchado, con la revelación de doping: Andre Agassi o la ATP? ¿O ambos?
Las confesiones del Kid de Las Vegas sobre su consumo de metanfetaminas pueden haber sorprendido a muchos, con un efecto similar al que produjo, por ejemplo, el primer positivo de Maradona en 1991, cuando jugaba en Napoli. Tanto uno como otro caso no tomaron desprevenidos a los ambientes del tenis y del fútbol, prensa incluida: los trascendidos arreciaban. Sobre todo, en derredor del DT del seleccionado: cuando la noticia fue oficial, hacía casi una década que se hablaba del tema, luego corroborado en cuanto a veracidad por el propio protagonista.
Hoy, el caso Agassi provoca revuelo. Federer dice estar decepcionado; Nadal cuestiona el hipotético encubrimiento de la ATP, que no lo suspendió. La actitud del deportista es tan censurable como la decisión, si así fue, de quienes conducían el deporte en el momento de producirse el hecho (1997). Demasiado importante resultó el paso de Agassi por el circuito: cambió tendencias, generó idolatría, fue el ícono pionero de las firmas para imponer modas extravagantes en los courts. Ahí radicaba la cuestión: ¿cómo sacar del ruedo a un personaje de esa envergadura?
Agassi terminó 1996 en el 9° puesto del ranking. Arrancó el 97 como 12° y ya por el US Open estaba 63ero. Concluyó jugando dos challengers, en Burbank y en Las Vegas, rankeado 122° y 141ero, cobrando entre 4200 y 7200 dólares de premio. En su ciudad natal, perdió la final con un alemán, Christian Vink, que era 202°. Sostuvo que estaba depresivo, en uno de sus peores momentos. Y que tomó una suerte de brebaje que le dio un colaborador (Slim) para "volar". Al escucharlo, pensamos en el caso Puerta y el vaso equivocado, con la sanción reducida a dos años. La conclusión, sin menospreciar, es que Puerta es Puerta y Agassi... es Agassi.
En 1998 empezó la escalada. En Wimbledon ya era 19° y finalizó el año 4°, dejando para el 99 lo mejor: título en Roland Garros (el Grand Slam que le faltaba) y en Flushing Meadows, para llegar como N° 1 del mundo al Masters. Un resurgimiento de película, pero sin manchas. La imagen estaba a salvo.
Como dice Nadal, "si la ATP encubrió sería fatal". Y terriblemente injusta con el resto. La explicación es que fue "engañada"; Agassi dice que mintió en su defensa, hablando de consumo involuntario. Ahora, ¿daba para que jugara challengers a fines del 97? ¿Será ése un indicio de que algo estaba pasando, más allá de un eventual bajón de confianza?
Tuvo mucho tiempo Agassi para contar oficialmente su caso. Prefirió guardarlo para sus memorias. El cuidado del negocio siempre aparece al tope de las preferencias. Para todas las partes y dejando de lado los escrúpulos. ¿La gente? El show debe seguir.