Hace doce meses no lograba superar la etapa clasificatoria del challenger de Cali (polvo de ladrillo; 75 mil dólares en premios); mañana estará jugando su primera final del ATP World Tour en San Petersburgo (carpeta indoor; 750.000 dólaers). Un año atrás luchaba por ingresar entre los mejores 200 del mundo; el lunes estará cerca del top 40.
El increíble desarrollo y la notable evolución que mostró Horacio Zeballos de una temporada a otra es destacable. Con gran naturalidad superó la transición que implica dejar atrás los challengers sobre arcilla y se adaptó al nivel ATP y sobre las rápidas carpetas indoor europeas.
Su estilo facilitó este trance: es un jugador muy versatil, de gran servicio y excelente volea. Basa su juego en el ataque y le gusta la velocidad de pelota de las canchas rápidas. Su revés a una mano -muy técnico- y mucha soltura para el toque lo hacen un jugador interesante.
Esta tarde, en San Petersburgo, Cebolla edificó quizás el logro más importante de su carrera hasta aquí: llegó a su primera definición del circuito grande del tenis. En apenas su cuarto torneo en este nivel, Zeballos ya se anotó una final. Sin su coach -Alejandro Lombardo no pudo viajar a esta gira-, trabajó muy duro con su preparador físico Esteban Pérez. El resultado: una sólida semana sin ceder un set.
Oriundo de Mar del Plata y zurdo como Vilas, Zeballos comenzó a jugar al tenis de la mano de su padre -Horacio Zeballos, jugador de la década del ´70 como Willy-, que mientras daba clases o peloteaba con Margarita, su esposa, el pequeño Horacito insistía con que lo dejaran jugar. "Le inculqué que trate de jugar lo mejor posible y disfrute de la competencia. Por suerte se le dio", contó Horacio padre en el último número de la revista GRIP.
El gran salto, que le llegó a los 24 años, lo edificó en los challengers: este año jugó ocho finales y ganó cinco (Bucaramanga, Bogotá, Ecuador, Campos Do Jordao y Buenos Aires). Comenzó como 196° el ranking mundial y trepó hasta 54°, aunque estará en el top 50 la semana que viene, producto de más de 70 partidos encima en lo que va del año. "Para mí fue muy importante la pretemporada que hice. Era muy consciente de que si quería estar en este nivel tenía que hacer grandes cambios. A principios de año dije ´vamos a hacer el click y ver si realmente puedo´. Y sí, pude", confesaba tras el título en el Vilas.
Pero su sueño no aún no termina. Todavía le resta un capítulo, quizá el más arduo. La cultura del esfuerzo que tan lejos lo llevó será su máxima aliada para no conformarse e ir por el título. Para decorar de la mejor manera la semana de su vida.