Por Alberto Cantore
De la Redacción de LA NACION
En la historia se entremezclan lo privado y lo público, la familia y el fútbol, los consejos y la idolatría. El personaje, confundido, abrumado, apesadumbrado, y con signos de abatimiento, encendió la alarma con una decisión que, desde el viernes pasado, tiene en vilo a todos en Núñez. Porque aunque Ariel Ortega prometió presentarse en la práctica de hoy en el Monumental, la determinación de abandonar la concentración y de pedirle al entrenador Leonardo Astrada no jugar con Lanús porque no estaba en condiciones anímicas provocaron que el futuro del jujeño sólo transmita incertidumbre.
Como en el pasado, las recaídas y las ausencias del Burrito generan desconcierto. En los compañeros, entre los dirigentes y también en la gente, que no deja de profesarle veneración. Ayer no fue la excepción. Porque aunque no aparecieron banderas ofreciendo muestras de apoyo -sí estuvo colgada en la platea San Martín baja la que corresponde a la peña Ariel Ortega-, apenas el equipo entró a la cancha desde la popular atronó el grito de "¡Ortega, Ortega!" , ese que alguna vez fue una voz de guerra y que esta vez fue se transformó en un rugido que conllevaba un sostén psicológico para el modelo en baja.
También como en el pasado, la recuperación de la persona supera lo que el futbolista pueda regalar en la cancha con las gambetas, los amagos, las sutilezas, las pinceladas de talento a pesar del físico desgastado y maltrecho por los desarreglos. Fue contundente el Jefe Astrada con sus palabras. "Siempre dije, estando acá adentro o estando afuera, me interesó la recuperación humana de Ortega. Si humanamente Ortega se encuentra en perfectas condiciones, futbolísticamente nadie lo puede discutir, pero si tiene altibajos en el aspecto anímico es que algo está fallando. La idea del cuerpo técnico es colaborar para que se sienta bien, porque tiene 35 años y una vida por delante. Acá no es solamente el fútbol. Creo que entre todos tenemos que ayudarlo. Nosotros vamos a hacer todo lo posible para que esté bien, pero depende de él", manifestó el técnico, sobre las prioridades que deberán afrontarse para lograr una mejoría.
Fue profundo el DT también al asegurar que Ortega deberá estar convencido de los próximos pasos para que la ayuda que se le pueda proporcionar funcione y no se trate de otra puesta en escena. Es que la sinuosa vida de Ortega y el problema por su adicción al alcohol tuvieron varios fallidos cuando se lo intentó rescatar. Como aquella fugaz internación en un centro de rehabilitación en Santiago de Chile o los frustrados intentos de que desarrollara un tratamiento ambulatorio, cuando fue cedido a préstamo a Independiente Rivadavia, de Mendoza, de la primera B Nacional, en la temporada pasada.
Para el grupo, la intempestiva salida del jujeño fue un cimbronazo, aunque todos conocen los avatares que sufre Ortega. "Fue un duro golpe porque veníamos de jugar un partido importante con Argentinos. Ariel es muy querido por el grupo y nosotros debíamos aislarnos de lo que nos pasó el viernes", intentó disimular Astrada; "es el último ídolo de River y hay que ayudarlo", sentenció Matías Almeyda, que junto con el cuerpo técnico intentó convencer al Burrito para que reviera la postura. Otro de los emblemas, el capitán Marcelo Gallardo, prefirió ocultar sus sentimientos. "Son cosas que quedan en la intimidad del grupo", atinó a decir el Muñeco .
El ídolo está en baja y los problemas son serios, sensibles. El penal errado en el superclásico con Boca y sus dos fallidas malas definiciones frente a Argentinos fueron simples detalles futbolísticos, que quedan minimizados por los inconvenientes que debe superar el jujeño. Las imágenes se suceden con velocidad en la vida de Ortega, que a los 35 años empieza a sentir que el futbolista entró en la curva descendente y le provoca pánico desconocer cuál será su futuro.
Como en la cancha, sus movimientos son indescifrables. "El lunes [por hoy] conversaremos", sentenció Astrada, aunque el tono de voz y el rostro del Jefe reflejaban cierta desorientación por las actitudes que pueda emprender el Burrito .
No siempre las historias tienen final feliz. Y la historia del Burrito impide mirar mucho más lejos que el día a día. Este nuevo capítulo que protagonizó el jujeño sucedió, nada menos, en un momento en el que el equipo empezaba a vislumbrar una mejoría, una reacción después de un comienzo de campeonato desalentador. Pero como ocurrió siempre con Ortega, el propio jugador volvió a instalar la tormenta. Algunos sueñan todavía en que la recuperación es posible. Posiblemente, porque River necesita del ídolo y porque Ortega necesite, como nunca antes, de la contención que le brindan en Núñez.