Por Carlos Beer
De la Redacción de LA NACION
La Aguada ejecutó un plan casi perfecto. Ellerstina pasó la mayor parte del partido jugando un polo que no es su preferido. Pero logró su objetivo: ganar. Ciertas victorias son lucidas porque se consiguen con buen juego. Otras son valiosas porque, pese a no brillar, se logran con esfuerzo y otras cualidades. En este caso se habla de madurez. Sí, la madurez que desde hace un buen tiempo demuestra Ellerstina Etiqueta Negra, y que le permitió vencer por 14-12 a La Aguada Tupungato Winelands y adjudicarse el 116º Abierto del Hurlingham Club YPF.
Unos días antes del partido, Facundo Pieres decía: "Si jugamos en nuestro ritmo, vamos a ganar". Ayer, unos minutos previos a que la bocha ruede en el impecable césped de Hurlingham, Norberto Fernández Moreno, un sabio conocedor de este juego y por varios años coach de La Aguada, comentaba: "Tenemos que jugar a nuestro ritmo. Si lo hacemos, puede haber una sorpresa". Estaba claro: la final era una cuestión de ritmo, de ver quién bailaba mejor al compás del galope de sus caballos.
Tantas veces se utiliza este vocablo en el polo, y aquí se encuentra una buena oportunidad para explayarse al respecto. Todos los equipos hablan de ritmo, pero como en la música, cada uno lo interpreta de una manera distinta. El ritmo de Ellerstina es un rock & roll vertiginoso, sin pausas, sin calma. Cuando sus jugadores logran ejecutarlo, la armonía es perfecta: ataque y gol, uno tras otro. El ritmo de La Aguada es más pausado, con mayor equilibrio entre velocidad y control de la bocha, y suele tener su mejor sonido en el final de los partidos. Lo cierto es que, en este caso, todas las pulseadas, la de los estilos, la de la velocidad y la del control de la bocha, eran bien diferenciadas. Y sobre ritmos no hay nada escrito. O sí...
Chukker a chukker, gol a gol, acción a acción, los Novillo Astrada lograron el objetivo. Pocas veces Ellerstina se cortó en ataque como suele hacerlo. Se llegó a la primera mitad con exiguo 7-5 para el ganador. Pese a ir en desventaja, el partido entre la mejor defensa y el mejor ataque del polo mostraba mayor predominio para La Aguada. Ellos lograban lo que querían. Ellerstina sumaba en la chapa, pero no en la cancha.
Y se sabe que los cuatro hermanos son especialistas en remontar partidos. De a poco fueron poniendo calor a la lluviosa tarde. Ganaron 1-0 el cuarto chukker y 2-1 en el quinto para pasar de un 7-4 adverso a un 8-7 en contra, pero más ajustado. Con un 1-1 en el sexto, se arribó a un 9-8 previo al comienzo del séptimo chukker. El parcial clave del partido, para uno y para otro. Tres goles seguidos de La Aguada le permitieron ponerse por primera vez arriba en el marcador después de la circunstancial apertura del marcador en el amanecer del cotejo. A los 4m02s, Miguel Novillo Astrada convirtió un córner y puso su equipo 11-10 arriba. Ya habían pasado un cogotazo hermoso de Javier (elegido el mejor jugador) y una corrida de Eduardo para que los hermanos se sientan fuertes. Y para que se percibiera aroma a sorpresa en Hurlingham...
Parecía una película ya vista: La Aguada controlando el partido y dando vuelta el marcador en el atardecer del juego. Por entonces, Ellerstina era un conjunto que quería pero no podía. Sus corridas quedaban a mitad de camino porque el rival, siempre preciso en la marca, estaba mejor parado en el campo.
Pero allí apareció el coraje del campeón. Esas palabras tienen que ir necesariamente de la mano: coraje y campeón. Imposible que un equipo que gana un torneo de cualquier deporte, y más de polo, no tenga coraje. ¡Vaya si hay que tener coraje para quedarse con un partido como hizo ayer Ellerstina! ¡Vaya si no han aprendido de la vida! Tantas veces se quedaron con las manos vacías porque les faltaba un poco más, y en esta oportunidad encontraron mucho más que un poco más. Madurez, que le dicen...
Se decía: La Aguada mandaba y estaba 11-10 arriba. Y en una ráfaga de 2m35s, llegaron tres goles de Ellerstina para comenzar el octavo chukker 13-11. La síntesis de esta versión de talento y coraje se encuentra en el gol 24, cuando el reloj había pasado los siete minutos, en una impresionante corrida de Gonzalito Pieres de toda la cancha con Open 82 (ganadora del premio al mejor caballo), una yegua que jugó todo el parcial y recorrió más de 200 metros como si estuviese en el campo del club de General Rodríguez.
Lo que quedó fueron siete minutos en los que ahora sabe manejar los epílogos. Cuidar la bocha, mirar el reloj, defender mejor y atacar lo necesario. Un gol por aquí, otro gol por allá, y el marcador que se cerró en ese 14-12. Hay éxitos que llegan de la manera que se desean. Otros se consiguen por un camino poco habitual, pero igualmente valedero.
Segundo título de Ellerstina en la temporada 2009. Como en 2005 y en 2007, la Triple Corona quedó a una sola conquista. Tortugas y Hurlingham lo ganó de punta a punta, sin ningún tipo de discusión. Todos quieren Palermo. Los chicos de negro son favoritos para el mejor torneo del planeta. Ya se ganaron parte de la historia. Ahora van por más. Con buen polo la mayoría de las veces. Y con coraje, otras.