Osella vivió una jornada llena de emoción, que fue coronada con la victoria ante Ciclista Olímpico de La Banda | Irma Montiel - LA NACION Por Enrique Vivanco
Para LA NACION
CORDOBA.- Se cumplió el ritual por el que pasaron algunos otros amigos. Diego Marcelo Osella empezó a recibir la ovación mayor en el polideportivo Carlos Cerutti apenas se produjo el salto inicial, tras lo cual los árbitros pararon el encuentro. No importó en ese momento que Atenas tuviera enfrente a Olímpico, de La Banda. Los miles de ojos que estuvieron allí anteanoche formaron un imaginario haz de luz que tuvo como epicentro al grandote de Oncativo.
Así como antes Marcelo Milanesio y Héctor Campana vivieron por otros motivos ese momento único, Osella tuvo el suyo por ser el primer jugador, en la historia de la Liga Nacional, en jugar 1000 partidos. Y por eso apareció el presidente de Atenas, Felipe Lábaque, para entregarle un anillo de oro recordatorio. Después siguió recibiendo regalos y repartió besos y abrazos sin parar por varios minutos en un homenaje que tuvo su cenit cuando en una formación típicamente basquetbolística, se unió a su mamá Amanda, a su esposa Marisol y a sus hijos Facundo (12), Santiago (9) y Luca (6), este último nacido en Italia, cuando su prolongado viaje por esta disciplina lo depositó una temporada en el Varese.
Más allá del asombro por la inusual cifra, causa hasta cierta extrañeza que haya sido el mismo Osella el que hubiera llegado a la cumbre. "Yo siempre dije que no vivía todo el día pensando en el básquet. Pero si no me gustara este deporte no estaría jugando a los 40 años."
No se explicaría de otra manera que lleve casi 22 años de profesionalismo sobre su cabeza. El debut en la Liga de este pivote de 2,07m de altura se produjo el 28 de marzo de 1988, cuando Atenas venció 92 a 84 a Gimnasia y Esgrima de Pergamino. En aquella época, con una indumentaria bien ceñida al cuerpo, compartía equipo con Campana, Marcelo y Mario Milanesio, Germán Filloy y el malogrado Carlos Cerutti, entre otros. Y para seguir con los números, suma 895 partidos con el equipo cordobés, a los que se agregan los 47 en los que representó al club Banco, de Córdoba, y los 58 que jugó para Estudiantes, de Olavarría.
En materia de títulos, su vitrina es frondosa en copas: fue seis veces campeón con Atenas de la Liga Nacional, campeón Sudamericano en 1993 y 1994; ganó el Panamericano de Clubes en 1996 y la Liga Sudamericana en 1997, 1998 y 2004, todos con Atenas. Con la selección nacional, fue campeón de los Panamericanos de 1995 y del Sudamericano 2001.
Integró la camada que marcó el rumbo en la historia reciente del básquetbol argentino. Aun con todas las medallas en su pecho, no puede igualar lo que hicieron los integrantes de la Generación Dorada. Pero ya sea como gran protagonista, o acompañando a otros grandes jugadores, tiene el absoluto derecho de decir que sembró con mucho sacrificio lo que los que lo siguieron cosecharon con creces.
Don Erico ("como el jugador de Independiente", dice Diego del nombre de su papá, ya fallecido) Osella, socio fundador del club Unión de Oncativo, en el cual pasó por casi todos sus cargos directivos, tal vez nunca pensó que su hijo llegaría primero a una meta a que la que llegan sólo los que suman talento y mucha, pero mucha perseverancia.
Diego Osella lidera cómodamente la tabla histórica de la Liga. Lo sigueRubén Scolari, con 4150.
También es el jugador con mayor cantidad de bloqueos de la historia.