Todo indica que en la cima del fútbol mundial se producirá este año un relevo individual. Quien fue el rey en 2008, Cristiano Ronaldo, será reemplazado por quien fue el primer príncipe, Lionel Messi. El FIFA World Player y el Balón de Oro, seguramente, serán para el rosarino, mientras que el portugués pasará al segundo escalón del podio. Un enroque de figuras.
Los méritos de ambos se concentran en lo hecho en sus clubes. En el caso de Ronaldo, mientras estuvo en Manchester United. A los dos se les hizo tortuoso el capítulo correspondiente al seleccionado. Los desgastó y condicionó para todo lo demás. Así llegan a un fin de año en el que tanto a Messi como a Ronaldo les resultó imposible conciliar el rendimiento en sus equipos con las exigencias en los seleccionados. Cuando muchos los creían máquinas de jugar, se mostraron humanos, vulnerables. Están acusando un estado de tensión muy perjudicial, que obliga a la intervención de los entornos. Jorge, el padre de Messi, clama tranquilidad para su hijo. Similar fue el mensaje de Jorge Valdano, director deportivo de Real Madrid, para proteger a Ronaldo.
Después de su participación en la última serie de las eliminatorias, de Messi ya no se dice que es un crack en Barcelona y un delantero irrelevante en el seleccionado. La melancolía que refleja en la Argentina lo acompañó en su reinserción en Barcelona. Esta vez no pudo desligarse del lastre que carga cada vez que cruza el Atlántico.
Ante la acumulación de evidencias que surgen de la cancha, para que se produzca el reencuentro futbolístico entre Messi y la Argentina quizá deba antes concretarse un reencuentro cultural con el país que lo vio partir a Barcelona a los 13 años. Como persona y jugador, Messi lleva nueve años formándose en España, y aunque no hay dudas de su voluntad para integrar el seleccionado, todavía no encuentra su sitio ni las condiciones que les permitan dar lo mejor de sí. Cuando se oye que Messi es catalán como justificativo a sus flojos rendimientos con la Argentina, la queja suena peyorativa, pero encierra un aspecto considerable: el desarraigo. Messi no conecta con la gente; todo lo contrario de lo que le ocurre en Barcelona, donde los hinchas el sábado le dieron un cariño incondicional para ayudarlo a salir de este mal momento.
Por otras circunstancias, Ronaldo sufre por su país. No pudo ayudar mucho en las eliminatorias y ahora Portugal se juega a todo o nada un repechaje con Bosnia. Hace más de un mes, se lesionó seriamente en un tobillo en Real Madrid. Sin estar debidamente recuperado, se arriesgó a jugar para Portugal frente a Hungría. Se resintió y fue reemplazado antes de la media hora. Real Madrid puso el grito en el cielo, pero ahora Portugal insiste en tenerlo el sábado y él está en el medio.
Messi y Ronaldo serán premiados dentro de algo más de un mes; quizá para entonces se les haya borrado la angustia de hoy.