Por Diego Morini
Enviado especial
MADRID.– El quinto piso del hotel Mirasierras, el búnker argentino en esta ciudad, se convirtió en la cocina de Diego Maradona. Allí, el entrenador pone sus condiciones, todo desde la habitación 517. El buen humor domina por el refugio celeste y blanco. Sergio Romero pasea por los pasillos y charla con los utileros. En la habitación 508, Messi y Agüero comparten charlas y Play Station, mientras Maxi Rodríguez y Ezequiel Lavezzi disfrutan de rondas de mates. Incluso, cada tanto se escuchan los divertidos gritos del entrenador que mata el tiempo jugando a las cartas con sus colaboradores. El pasaporte a Sudáfrica purificó el aire. Sin duda, allí está el nudo de este intento de cambio. Quizás eso también haya permitido estabilizar al seleccionador y hasta le permitió mostrarse reflexivo y calmo en el primer contacto con la prensa, después de varios días de silencio, tras la noche en Montevideo cuando puso en evidencia su peor versión. Incluso, hasta por primera vez dispuso tareas en doble turno, algo absolutamente inédito para el ciclo de Maradona en el seleccionado.
También en la habitación 518, donde se alojan los colaboradores del seleccionador, Alejandro Mancuso y Héctor Enrique, se concentra parte de la atención. Desde allí se planificaron las charlas que mantuvo con varios jugadores. El mano a mano con Gago, donde se aclararon varias actitudes del volante del Real Madrid que lo tenían molesto al técnico. Los diálogos con Mascherano y Heinze, para consultarlos acerca de lo que ellos advierten que necesita el grupo. "Hablé con los muchachos, pero eso queda dentro de cuatro paredes", reconoció Maradona anoche, en esta ciudad. Y agregó que su contacto con Verón, antes de viajar a España, fue por varios temas: "Con la Bruja hablamos de todo. En uno de los temas me comentó que no dijo lo que le preguntaron o dijeron que dijo dentro de la cancha en Uruguay. El me dijo que lo habían sacado totalmente de contexto".
En el semblante del entrenador se advierte cierta calma. Se lo vio fresco en la conferencia de prensa, que se extendió por apenas 15 minutos. Con gesto duro, pero dispuesto al contacto, como lo tuvo con varios hinchas españoles que le solicitaron fotos y autógrafos. Correcto para eludir aquello que lo incomoda, como los exabruptos en Uruguay, y para referirse al descargo que hará el domingo próximo ante la FIFA, en Zurich. "De lo que pasó ya no quiero hablar y lo que tenga que decir ante la FIFA lo haré en el lugar que corresponde", dijo sin tensión evidente.
Después hizo referencia a las críticas que recibió antes de la clasificación y ya no se escucharon groserías: "Teniendo los jugadores bien, sabíamos que teníamos que clasificarnos. Las críticas… La verdad es que dejé de mirar a muchos que antes miraba y dejé de hablar con otros tantos. Nos dimos cuenta de que yo no los necesito y ellos no me necesitan a mí. Lo único que tengo que hacer es pensar en la selección. Así que cada uno por su camino".
Tan atento como dispuesto a responder, aunque con su estilo, Maradona estuvo tan elocuente como en las prácticas, cuando con un gorro celeste y blanco gritó y alentó a sus muchachos. Con esa misma naturalidad, respondió acerca de cómo está su vínculo con Carlos Bilardo, con el director de las selecciones nacionales. "Con Bilardo estamos muy bien, cada uno mantiene su puesto. Eso es lo que acordamos con Grondona."
Tuvo también un instante en el que mostró una sonrisa cargada de ilusión. Como quien puede lograr algo que desea fervientemente en contra de todos los pronósticos. "Nosotros estamos a la expectativa. Tenemos grandes jugadores, buscamos el equipo y seguro que lo vamos a lograr cuando estemos más tiempo juntos. La verdad es que me gustaría ir de punto al Mundial. En el 86 fue así. Me acuerdo de que estaban Brasil, Alemania e Italia por delante. Y nosotros fuimos los primeros en llegar y los últimos en irnos. Así que me gustaría repetirlo."
Cada pregunta la aceptó con mucha paciencia. Aun cuando aquí se habla de que España puede golear a la Argentina, el técnico del conjunto nacional eligió palabras de elogio para el rival que pasado mañana deberá enfrentar en el estadio Vicente Calderón. "Son favoritos, como dicen todos, pero si yo lo aceptara sería como desmerecer a mis jugadores. Creo que España tiene un equipo armado, está pasando por un momento brillante. Se ha sacado de encima esa mochila de no poder ganar al lograr la Eurocopa." Y hasta se animó a decir qué jugador español le gustaría poder tener en su plantel. "Si tuviera que elegir a un jugador, sería a Xavi. Cada vez que lo veo jugar, me llena. Da cátedra de fútbol".
También tuvo tiempo de sorprender con una confesión: le gustaría charlar con Daniel Passarella, de quien está alejado desde hace años. "Me encantaría hablar con Passarella. El pasó por el lugar en el que estoy yo y sería bueno que pudiéramos hablar". Después se refirió a Javier Saviola y reconoció que tendrá su oportunidad, y destacó el gran momento de Di María y de Pablo Aimar. Y resultaron contundentes sus palabras cuando las consultas se dirigieron hacia Lionel Messi: "Creo que a Leo lo cargamos de mucha responsabilidad. Y él hizo el trabajo que le pedí. Tiene que ser el dueño del equipo. Tenemos al mejor del mundo y lo tenemos que utilizar. Dentro de un equipo, él tiene que ser la frutilla del postre. Hoy (por ayer) hablé con él, siempre es un placer hacerlo, y lo veo muy bien, con ganas".
La imagen del seleccionado y la de su volátil conductor se ve distinta. Como renovada. Si hasta terminó la jornada con una cena con todos sus muchachos en el restaurante De María, el reducto argentino por excelencia en esta ciudad. Ahora será cuestión de extenderlo en el tiempo.