LONDRES.- La idea era tomar imágenes de video del interior de Twickenham, la Catedral del rugby inglés. Como la visita guiada estaba suspendida por la proximidad del encuentro entre los Pumas e Inglaterra, la mujer, amablemente, le pidió a este enviado que pidiera un permiso para ingresar al estadio en el sector de prensa de la Unión de Rugby de Inglaterra, ubicada frente a la cancha.
En la recepción de la RFU, otra mujer del departamento de prensa se excusó y pidió disculpas. "No se puede entrar al estadio, lo lamento. Hay gente trabajando para que todo esté bien durante el partido", dijo en un inglés con ritmo acelerado.
Descartada la posibilidad de entrar a Twickenham, previo al test-match de los Pumas, había que conformarse con tomar imágenes de las afueras: las ventanillas de venta de entradas, el aspecto exterior, el hotel situado dentro del estadio o la tienda con todos los productos que uno se imagine de la selección inglesa.
Pasadas las 12, los alrededores de la cancha lucían vacíos, en una zona situada a más de 20 kilómetros del centro de Londres. Con una camarita de video, este cronista filmaba, hasta que un guardia de seguridad comienza a acercarse. Lucía furioso en su larga caminata. "¿Qué está haciendo?", preguntó en un rapto casi violento. "Tomo imágenes del estadio para escribir después un artículo", fue la respuesta. "¿No sabe que filmar es considerado un acto terrorista? Apague esa cámara", replicó el guardia.
A esa hora, la televisión argentina (ESPN) terminaba de grabar un informe en las puertas del estadio. El guardia, ahora también ayudado por una mujer, repitió el mensaje, más irritado aún. Sensaciones de una ciudad que vive en estado de alerta, probablemente todavía con los recuerdos de los atentados del 7 de julio de 2005, en el subte de Londres.