Por Carlos Beer
De la Redacción de LA NACION
El organigrama de Palermo hace que la primera jornada de cada grupo sea casi decisiva para los equipos que juegan el partido principal. Es así desde hace varios años, más precisamente cuando el torneo eliminó sus semifinales y clasifica a la final directamente al ganador de cada zona. Por eso, para Pilará Piaget su debut exitoso en el 116° Campeonato Argentino Abierto Movistar es muy valioso, más allá de las formas. Logró un ajustado y hasta agónico 16-15 ante Indios Chapaleufú II, en un partido que parecía tener controlado en la mayoría de su desarrollo y que terminó con susto para el equipo azul.
En el palenque de los perdedores, Eduardo Heguy escogió la palabra perfecta para definir la tarea de su equipo y, porqué no, para explicar el partido. En sus bodas de plata en Palermo, el Ruso, que lleva el polo en sus venas y conoce mucho de este deporte, utilizó el concepto "intermitencias" en varios pasajes de su análisis de lo sucedido. Si bien Heguy se refería a su Chapaleufú II, se le pide permiso para extender el concepto de lo individual a lo general.
El encuentro fue y vino por todos los caminos posibles. Tuvo momentos de buen polo y otros tediosos. Tuvo momentos de dominios de uno y de otro. Tuvo juego limpio y otros de enfrentamientos dialécticos y hasta algún roce entre los jugadores. Hubo de todo, aunque no todo bueno…
Pilará comenzó con un 4-0 en el primer chukker que marcó tendencia. Ese inicio favorable le permitió manejar por más tiempo los hilos del cotejo, aunque no siempre bien. Su mayor diferencia la consiguió en la mitad del quinto chukker, cuando duplicaba a su rival en el marcador: 12-6. Hasta ahí mostraba oficio, pero no claridad.
Paulatinamente, la historia fue cambiando. Los Heguy, más un acertado David Stirling, pusieron su arma histórica en la mítica cancha 1 de Palermo: una garra inoxidable para remontar gol a gol, chukker a chukker. Ese quinto parcial que los tenía contra las cuerdas terminó 3-3, para un global de 13-9. De nuevo la diferencia de cuatro, como al comienzo. Un inesperado 3-0 en el séptimo más un golazo después de una larga corrida de Alberto Heguy (h.) con su yegua Polo Doradita cuando iban 41 segundos del último chukker, dejaron todo igualado en 14 con seis minutos todavía por jugarse.
Una frase de Santiago Chavanne volaba como un fantasma por La Catedral. "Somos amargos", había dicho el temperamental 2 de Pilará después de la caída ante La Aguada en Hurlingham. En aquella competencia, no estaba Agustín Merlos. Y ayer, si bien no tuvo una tarea deslumbrante, tuvo dos apariciones claves cuando su equipo más lo precisaba. Una oportunista pegada para ponerse 15-14 y un acertado córner para sumar un tanto más, con medio chukker por delante.
Lo que siguió fue un monólogo impreciso de Chapaleufú II, con varias llegadas, pero con muy poco acierto en los mimbres. Incluso con un penal de 60 yardas de Eduardo Heguy que su hermano Alberto tocó en el camino, cuando no quedaba claro si el destino de esa bocha era el arco o no. El final encontró a Chapaleufú II intentando una y otra vez con más corazón que polo, cuando necesitaba de ambas cosas. Y el atardecer de Palermo vio a Pilará aprobando una materia fundamental para llegar lo más lejos posible en el torneo. El organigrama lo deja en una virtual definición de zona ante Ellerstina. Con intermitencias, con una mezcla casi exacta de aciertos y de fallas, pero con un gol más en el marcador. Era el objetivo. Entonces, objetivo cumplido.