MADRID (De un enviado especial).- Los puntos de encuentro de los hinchas argentinos se multiplicaron en los alrededores del Vicente Calderón. Unos 4000 simpatizantes colmaron con los colores celeste y blanco uno de los ingresos principales. "Volveremos, volveremos, volveremos otra vez, volveremo´ a ser campeones como el ?86" . Con ese grito, cientos de argentinos se juntaron cerca del estadio para ingresar de manera más que ruidosa a sus ubicaciones.
En las tribunas, los españoles se deleitaron y celebraron con el juego del equipo de Vicente Del Bosque, pero los argentinos se hicieron notar, como lo hacen en cualquier parte del mundo cada vez que juega su selección. No fueron ajenos al llamado de la camiseta albiceleste.
La cancha de Atlético de Madrid tuvo más banderas celestes y blancas que rojas y amarillas, algo que sorprendió a los propios españoles. "Joder hombre, pero si esto parece más Buenos Aires que Madrid" , dijo José, uno de los boleteros del estadio colchonero .
El grueso de los argentinos se ubicó detrás de uno de los arcos, como si fueran visitantes, pero en todos los sectores de la cancha se pudieron ver banderas argentinas.
Con la salida de los equipos los argentinos marcaron más su presencia, arrojando papeles y encendiendo bengalas, como lo hicieron fuera del estadio. La filial de River de Madrid y la de Racing de Barcelona le pusieron color con las banderas de los equipos argentinos. También hubo de Tigre, Banfield, Independiente y Chacarita, entre otros.
Los españoles se divirtieron con un improvisado "Que la ch..., Que la ch..., ole, ole", alusión jocosa a aquellos exabruptos de Maradona. Los madridistas silbaron a Messi por su condición de blaugrana ; claro que no pasó lo mismo con los jugadores de Barcelona que representan al seleccionado local. Grandes y chicos, mujeres y ancianos se mezclaron en una jornada de fiesta, de fútbol, por el duelo entre dos potencias como España y la Argentina.
El público albiceleste estuvo representado por gargantas intactas para continuar los festejos que comenzaron en el centro de esta ciudad y continuaron en el estadio, con el delirio de agitar las banderas. Con saltos, cantos, insignias y bombos, la pasión comenzó horas antes de caer el sol y finalizó allá por la madrugada, más allá del trago amargo de la derrota.