"¿Algo en común con Queens y Wimbledon? Nada. Esto es diferente, pero es grandioso. No se puede ver a la gente. Cuando estás en la cancha no se puede ver a nadie, realmente, está todo oscuro. No se puede ver a la multitud, pero se oyen que están ahí...". Lo que acaba de contar Andy Murray es cómo se puede jugar al tenis frente a 17, 500 espectadores que son literalmente invisibles. Número cuatro del mundo pero especialmente número uno de Gran Bretaña, Murray es el catador oficial de las multitudes del tenis jugado en Londres. Wimbledon bajo techo tampoco se asemeja a este estadio, tema obligado en la agenda del Masters.
El O2 Arena introduce un nuevo escenario para el deporte una experiencia que todavía no tiene un balance definitivo. El transcurso de los partidos, sobre todo cuando se llegue al fin de semana de las definiciones, permitirá saber si el ganador de este Masters puede generar algún tipo de magnetismo con el público. Iluminación, pantallas y carteles electrónicos sobran, pero no se advierte todavía la tensión que el juego provoca de acuerdo a lo que entregan los partidos. "Es algo diferente, la luz está todo el tiempo sobre nosotros y todo lo demás està oscuro. De pronto levantas la cabeza y te enfocan a vos solo en la pantalla. Para nosotros es algo novedoso...", dice Juan Martín Del Potro. "Las luces siempre están sobre nosotros, es algo inusual. Por suerte pudimos entrenarnos en estas condiciones y nos acostumbramos. Es muy lindo jugar acá..", comentó Roger Federer. Todos los jugadores son muy elogiosos con el 02. O son muy diplomáticos o bien les gusta de verdad.
El concepto de entretenimiento en el 02 no se parece a nada visto anteriormente. Ni adentro del estadio ni afuera. El court central es el núcleo del complejo, pero la actividad afuera es efervescente y así como hay gente que va a Wimbledon simplemente a comer frutillas al sol y no miran dos games, la temporada de tenis bajo techo en North Greenwich propone un ocio en diferentes formatos multimedia. Hay tenis con los mejores jugadores del mundo, pero algunos apenas se enteran y luego van a las 11 salas de cine.Otros visitan el museo interactivo con la historia de la música británica y luego almuerzan y cenan en cualquiera de los 25 restaurantes étnicos.
Dentro del estadio la experiencia también es novedosa. La multitud se comporta más cercana al Royal Albert Hall que al All England. Wimbledon no es un lugar para desbordes y rara vez se dan comportamientos fuera de lugar, pero el sonido lo identifica. Esa pared sonora cuando hay tensión en las canchas importantes se adivina aunque uno lo siga por los diarios. La puesta en escena aquí condiciona el comportamiento. Se viene a ver un espectáculo con butacas cómodas y bajo un cono de sombras eternas. El público permanece a oscuras como en cualquier escenario de Theatreland.
En los descansos la multitud es iluminada y el court se pone a oscuras. Suenan Led Zeppelin, los Rolling Stones, a veces Robbie Williams y cuando el árbitro dice "time", la cancha se ilumina y el público vuelve a su cueva imaginaria. El bombardeo informativo y comercial es constante cada vez que la pelota se detiene. Las cinco pantallas (cuatro en cuadrado encima del court y otra gigante en una cabecera) pasan videos con perfiles de los tenistas y comerciales de los patrocinantes. Un display con mensajes móviles que bordea la zona de los boxes más caros y exclusivos ofrece datos de los tenistas y opera como guardian del orden de los espectadores. Toda la información se vuelca desde ahí y la sobrecarga de datos es total. Los espectadores son invitados a habilitar la señal bluetooth de sus móviles para recibir información del torneo. A nadie se le pide que apague su celular, eso es antiguo: solamente que lo pongan en modo silencioso. El andamiaje comercial del ocio deportivo no funciona con teléfonos desconectados.
Un detalle: cada vez que hay una situación crítica en el juego, los carteles electrónicos la ponen en palabras. Se anuncia un break point, un ace y un match point para darle una carga dramática al juego. Si se piensa bien eso también modifica el modo de seguir el tenis. Esos datos suelen estar en boca de comentaristas de TV y en los sobreimpresos de las transmisiones, pero nunca se hacen explícitos en un estadio. Un jugador que tiene que levantar un match point confronta con eso desde los carteles electrónicos del estadio.
La cancha es una carpeta sintética montada en madera. Cuando los jugadores tienen que hacer un cambio de dirección y se apoyan en su raqueta lo que se escucha es madera de la buena. Como si golpearan sobre una mesa de ping pong. Rafael Nadal deja su impresión: "No es tan rápida como París, pero la pelota rebota poco. El estado es maravilloso y el torneo ha trabajado mucho para esto. Está realmente bien. Lo único que debería mejorar es el tiempo, pero eso aquí adentro no afecta al juego..."
En Londres casi no paró de llover en las últimas 72 horas. Adentro de esta ciudad, afuera de la ciudad, nadie se entera.