LONDRES.- Hacía un buen rato que no veíamos una de las imágenes más familiares desde que Juan Martín el Potro está en el medio de nuestras vidas. La imagen no es otra que la del triunfo: gritar con cara de "sacado" a su banco, mirar al cielo y persignarse, sacarse la vincha y luego ir a saludar al rival. Del Potro pudo volver a ese ritual contra Fernando Verdasco (6-4, 3-6 y 7-6 (7-1) en 2 horas y 23 minutos) y quedarse expectante para su último partido contra Roger Federer.
Del Potro volvió a ganar y entonces volvió esa estampa. Luego del US Open hubo poco tenis para él y encima no del bueno. Repasar su campaña post Nueva York es casi obligatorio porque no cabe dudas de que el sacudón fue fuerte y es evidente que Delpo está en una transición hacia alguna parte. Nadal anda en algo parecido y no exactamente por venir de un gran triunfo. Desde distintos lugares a veces se arriba a un destino similar. Cosas que se pueden apreciar ahora en Londres.
Lo valioso de esta victoria sobre Verdasco es que pudo ser un "demo" del próximo jugador que puede llegar a ser Del Potro. El tandilense se matuvo a flote en el partido porque sacó mucho mejor que contra Andy Murray y su servicio le sirvió para estar en cancha cuando su juego no lo acompañaba. Terminó el partido con un 75 por ciento de primeros saques y de puntos ganados con el primer saque. Los 10 aces conectados, igual para Verdasco, le completan la planilla que vuelve a desquilibrarse con 25 winners para Delpo y 34 para Verdasco. El español, sin embargo, cometió 38 errores no forzados contra 28 del argentino.
Los datos duros sirven para sostener lo que a Del Potro lo sostuvo en el partido: la eficacia del saque. Esa es la dirección en la que Del Potro debe ir y medio mundo, empezando por su cuerpo técnico, está anoticiado sobre el asunto. Del Potro tiene y puede tener más aún una zona de descanso en el servicio cuando no hay precisión en sus tiros de fondo y cuando, como ahora, el Masters es un ámbito más donde buscar confianza.
Del Potro tuvo un rendimiento sinuoso en el match. Al final del camino estaba Fernando Verdasco que estuvo activo todo el tiempo y que en el tie-break la tiró afuera con tanta frecuencia como para alterar su propia estadística. Verdasco estuvo acertado en su táctica para mitigar los daños que Del Potro puede producir desde el fondo. Lo obligó a desplazarse y a dejarle mucha cancha libre sobre la derecha del argentino. Del Potro no podía acomodarse de ese lado para dominarlo con su derecha invertida. Y Verdasco no le daba muchas oportunidades para permitirle jugar sobre el otro lado para que Delpo pudiera jugar su drive cruzado contra el revés de Verdasco. Cuando eso pasaba, el español fallaba paralelo.
Por eso es saludable que Del Potro haya vuelto a sus rituales de celebración y ofrenda. Porque justamente esa postal nos hizo recordar que hacía un buen rato que no lo veíamos ganar un partido importante. En un Masters todo contribuye a la gran causa: esperar a Federer, retomar confianza y también trazar un boceto del jugador que se puede construir en el proyecto del 2010.