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Tenis / El ATP World Tour Finals 

Recursos para la escasez de energía


Con el físico tocado y la mente desgastada, Del Potro sacó a relucir su personalidad para vencer a Verdasco por 6-4, 3-6 y 7-6 (7-1) y aumentar sus posibilidades de pasar a las semifinales 

Por Ariel Ruya Enviado especial  24 de Noviembre de 2009 - 23:37
FotosEl grito es una descarga emocional luego de un partido que Del Potro pudo haber resuelto con más facilidad - AP
 

LONDRES.- Son tiempos, éstos, de balances. De recuentos de historias recientes. De echar un vistazo hacia atrás, de descubrir reseñas y lanzar alguna idea suelta en el porvenir. Cuando el balón vuelve, pues también es época de patearlo hacia adelante. Claro: hoy la cabeza no está fresca. El corazón late a paso menguado. El físico exige una pausa luego del frenético trajín. Lo que manda el cerebro y no siempre se corresponde con la acción. Algo de eso debe de pasar por el cuerpo de Juan Martín, por el alma de Del Potro, que desde que logró la hazaña del US Open expone una extraña metodología de virtudes y errores mentales casi en partes iguales y un evidente desgaste físico que lo asfixia. Le cuesta. Pero así le gana al español Fernando Verdasco, en 2h23m de un tenis desparejo, aburrido en general y emotivo apenas en el epílogo, por 6-4, 3-6 y 7-6 (7-1), por la segunda jornada del Grupo A del Barclays ATP World Tour Finals. Lo que provoca una satisfacción mayúscula: puede vencer a su propia sombra. Puede derrotar a sus propias flaquezas y mantenerse erguido. Siempre erguido: hasta en esta sentencia no parece un típico argentino medio.  

Ese, por ejemplo, que se fastidia, que lanza en cólera cuando el mundo parece sobre sí. Puede arrojar la raqueta, puede quedar fuera de foco. No es el caso de Juan Martín: nunca se va del partido. Ni aun cansado ni aun dolido. Es una señal, claro que es un distintivo con marca a futuro: bien o mal, sigue enfocado. Aunque contra el zurdo, complejo y cambiante español, lo suyo haya sido apenas una ratificación, casi exclusiva, del valor del triunfo. Si perdía, caía en desgracia. Si ganaba, asumía el riesgo. Muestra inequívoca de personalidad de un pibe que sólo tiene 21 años.  

Un pibe concentrado y seguro. Enfocado en lo grandioso que fue, en lo glorioso que podrá llegar. Gana el primer juego por 6-4, luego de aquel quiebre en el tercer parcial. Tan bien toma la posta del saque el tandilense (diez aces, seguridad y precisión) y tan mal devuelve el servicio rival el español que es una invitación a la esperanza de cerrar el juego cuanto antes. Pero el alto, flaco, desgarbado no parece hoy un gran tenista. Debe ser físico, se intuye. Debe ser mental, se cree. Verdasco descubre la falta de movilidad y calidad de las devoluciones del argentino y se recupera con un 6-3 que abre el paraguas de la inquietud. Sólo los valientes se recuperan tan pronto.  

Y sólo los valerosos se incorporan después de estar en ventaja por 5-2 y ver que el castillo se desmorona hasta quedar al límite de la desesperanza. No parece un típico criollo Juan Martín: no se desmorona. Sigue enfocado, aun cuando el juez le cobra un insólito foot fault (falta de pie) cuando iba a disponer de su servicio. Poco habitual en estos desafíos. Recupera el saque, apenas huellas del revés cruzado y un exquisito globo en la parte final, cuando el desarrollo gana en emoción, a falta de artística. Van al tie break, allí Del Potro toma el control de la situación: no sólo de su servicio, deja derrotado a Verdasco desde el vamos, caído, aunque el zurdo parezca de pie. Ese envío rival lejano, ancho, provoca la convicción de que Del Potro es un muy buen jugador de tenis, claro. Pero que cuando las piernas ya no responden, cuando la cabeza duele, hay personalidad de sobra para mantenerse a metros, a centímetros, de la elite. Los dos match points desperdiciados varios minutos antes también dan prueba de ello.  

Entonces, el juego con Roger Federer de mañana no es una cuestión estadística. Sabe que si gana, si le gana otra vez, como aquella dorada tarde de Nueva York, puede ser parte de las semifinales del magnífico final de fiesta del deporte blanco. "Voy a jugar con el mejor de la historia", dice, ante cada interrogante por su ídolo, por el hombre que permanecía en un cuadro de colección en su habitación. Puede ser el último capítulo de su libro del Masters u otro paso en su pequeña leyenda para seguir siendo, cada día, un poco más grande. Un poco más maduro.  

Ya habrá tiempo, entonces, para deleitarse con las milanesas con papas fritas de mamá Patricia. Ya habrá tiempo, pues, para descubrir nuevas melodías de U2, Maná y Shakira, su música favorita. Tranqui , como es él. De recorrer los bares en las sierras que ya extraña. Ya habrá espacio para todo eso. Para las pequeñas cosas de la vida cotidiana. Por ahora, con el físico desgastado, con el cuerpo dañado, con el cerebro agrietado, con la cabeza quemada, puede seguir dando batalla con una raqueta en la mano. Que de gran personalidad también están hechos los grandes campeones.  

Susana estuvo en el O2  

Hasta la diva de la TV no quiso perderlo. En vivo y en directo. Eran las 14.10 cuando, presurosa, vestida de gala, se presentó Susana Giménez en el imponente 02 Arena. "Hola, amoroso, sí, vengo a ver a Del Potro., ¿dónde está el D3?", preguntó, ansiosa, por encontrar su ubicación preferencial. Eso sí: volverá a la Argentina de inmediato.  

 
 
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