EDIMBURGO.- No son las 10 de la mañana y dos personas en un pub abren el día con una cerveza. Transcurre el mediodía y un hombre y una mujer acompañan el almuerzo con otra cerveza, que puede ser rubia, negra, roja o de la variedad que uno prefiera. Terminó la jornada laboral y la imagen se repite, y lo mismo pasará antes y después de la cena.
Beber cerveza es una costumbre que une a los países de Gran Bretaña, algo que se comprueba al recorrer Londres, Cardiff y Edimburgo. Es un hábito en hombres y mujeres, jóvenes o ancianos, una práctica habitual, que puede hacerse extensiva a Europa. Es tan marcado que, en Edimburgo, en septiembre, se prohibieron los happy hours y promociones para evitar el consumo masivo.
En la Argentina también se toma cerveza, pero en menores cantidades. En Gran Bretaña, a veces es difícil seguirles el ritmo e igualarse con quienes habitan estas tierras, y la diferencia es aún más marcada si, en ese momento, en el pub de turno hay fútbol (eliminatorias, Liga de Campeones, o el campeonato que sea) en vivo.
En los partidos de los Pumas, el rito cervecero comenzó antes de las 10 de la mañana, cuando los encuentros recién empezaban a las 14.30, y, luego de los matches, el público seguía bebiendo sin pausa. En Cardiff, los pubs que rodean el Millennium estuvieron llenos desde bien temprano. Cada galés con su camiseta roja y una pint siempre a mano.
Las estadísticas muestran las claras diferencias entre Europa y América del Sur en cuanto a beber cerveza. Según los datos publicados en el sitio de la Cámara de la Industria Cervecera Argentina, Gran Bretaña es el 8° consumidor en el mundo, con 94 litros anuales por persona, según un estudio realizado hace dos años. En este ranking, nuestro país se ubica 60°, con 41 litros por cabeza. Las nueve primeras naciones del listado son europeas. Lo encabeza República Checa, con 160 litros, y Venezuela (89 litros) figura 10° y es el primer país fuera del Viejo Continente.
La luz del día desapareció hace horas. La madrugada se acerca. Las calles están vacías, salvo por aquellos hombres que tambalean con rumbo errante, los restaurantes ya cerraron, pero en los pubs siempre hay alguien en la barra con su vaso en la mano y a la espera de otra vuelta interminable.