Ha concluido nomás un nuevo año para Los Pumas. El segundo en la traumática transición post Bronce 2007, a mitad de camino de Nueva Zelanda 2011. Escaso en competencia, tal como es costumbre para el rugby argentino cuando no hay un Mundial. Apenas seis partidos, uno de ellos ante un combinado (Barbarians Franceses) y sólo dos en casa. Tres victorias y otras tantas derrotas. Poco para probar, cuando existe mucho para experimentar.
Por eso, el balance es complicado y requiere de cierta mesura a la hora de la crítica. Porque, además, Santiago Phelan nunca pudo mandar a la cancha a los mismos 15, sobre todo en esta reciente gira por el Reino Unido, donde faltaron por lesiones al menos cinco titulares seguros. Dos de ellos, cracks de primerísimo nivel mundial, como Juan Martín Hernández y Felipe Contepomi.
Los resultados, fríos, indican un 1-2 en Gran Bretaña. Después de las caídas ante Inglaterra y Gales, había necesidad de ganar contra Escocia. Y se ganó. "Era importante sobre todo por los más chicos", me confiaba un miembro del staff. Y por ahí está la clave. Los Pumas están formando un nuevo grupo, con jugadores nuevos que, además, tienen nada de rodaje internacional, pues se desempeñan en el rugby doméstico.
Que jugadores como Martín Rodríguez Gurruchaga (la gran revelación de la gira por efectividad y juego), Santiago Fernández, Tomás Leonardi, Mauro Comuzzi, Agustín Figuerola, Benjamín Urdapilleta, Horacio San Martín y Agustín Creevy hayan sumado minutos en cancha contra estas potencias (Inglaterra y Escocia serán rivales en el próximo Mundial) y en el exterior, es de por sí un aspecto altamente positivo.
Phelan y su staff se habían planteado para esta gira probar jugadores y tratar de establecer en la cancha alguna de las ideas que se tienen para el juego. Funcionó lo primero. Lo segundo sólo se evidenció en tramos del test con los ingleses y en el complemento ante los escoceses. Falta bastante en lo táctico, pero también falta bastante para 2011.
Pero este noviembre a pleno rugby internacional también dejó nuevamente una realidad que en la Argentina aún no se asumió de pleno. Las diferencias entre el juego profesional y el amateur son cada vez más abismales. Fue lo que sufrieron los Jaguares, también de gira por Europa, sobre todo el viernes pasado ante Irlanda A.
El 0-31 con que concluyeron un periplo que también incluyó una derrota con Georgia y un triunfo ajustado ante Portugal, fue más categórico de lo que indicó el marcador. Las diferencias físicas resultaron abismales, y los argentinos, que tacklearon a destajo, no pudieron nunca equiparar fuerzas con el segundo seleccionado de Irlanda.
Los Pumas, con sus jugadores que actúan en Europa, pueden competirle mano a mano a los grandes. Pero de ninguna manera en un segundo nivel con los que están acá.
Por eso es indispensable, si lo que se quiere es seguir peleando con la elite, apuntalar el Pladar y buscar ahí una continua competencia en el exterior. La participación a partir de marzo en la Vodacom Cup sudafricana será un muy buen primer paso no sólo para seguir abasteciendo a Los Pumas con vistas al Mundial 2011, sino para ese salto gigantesco que se pretende con el Four Nations a partir de 2012.
Tiempo y paciencia. Eso es lo que necesita el rugby argentino en cuanto a sus seleccionados. Un grupo sólido no se arma de un día para el otro. La experiencia indica que los grandes equipos han tardado incluso más de un Mundial, como ocurrió con Inglaterra en 2003.
Para Los Pumas, el año próximo no ofrece más que éste. Otra vez sólo seis partidos, tres en junio en la Argentina (uno con Francia y dos con Escocia) y la gira de noviembre por Europa (Francia, Irlanda e Italia). Por eso, la rueda de auxilio que empezó a significar el Pladar deberá encontrar, como ya ocurrió en esta temporada, más horas de vuelo.
En esto habrá que seguir con atención el mapa interno. Qué pasará con las decisiones que tomará la nueva conducción de la UAR. Y qué ocurrirá con la poderosa Buenos Aires, que por primera vez en muchísimo tiempo se quedó sin campeones a nivel nacional. El Argentino fue de Córdoba; el Nacional de Clubes, de Duendes de Rosario, y los Argentinos M19 y M18, de Tucumán. Ahí también parece que algo está cambiando.