El fútbol puede ofrecer un partido donde el equipo con más dificultades ofensivas le gane al conjunto con la defensa más sólida y menos vencida del Apertura. Eso se observó en el triunfo, muy justo por cierto, de Racing. ¿Cómo lo consiguió? ¿De qué manera vulneró al líder? Por empezar, copiando varias de sus virtudes. Todo indica que Claudio Vivas analizó al Taladro y planificó pagarle con la misma moneda: presión para no dejar jugar, orden táctico, apertura por las bandas, pelota parada y explosión de contraataque, pero llegando al mismo tiempo con varios intérpretes para finalizar las jugadas. Así lo controló, así le marcó el primer gol de Martínez y así también el golazo del triunfo de Mercado.
La llave estuvo en Mercado, pero no sólo por el 2-1, sino también por cómo cumplió esa función de carrilero por la derecha: anuló a James Rodríguez y se soltó sistemáticamente en ataque. Es más: su gol llegó en la proyección N° 17 de las 20 que completó en el partido y fue pícaro para hacer algunos foules tácticos para que los dirigidos por Falcioni no los sorprendieran de contra. Tanto sus movimientos como los de Lucero dejaron en claro que la Academia no tomó una postura cautelosa. Al contrario. Salió a presionar y, a partir de un esquema 3-4-1-2, buscó generar superioridad numérica en la zona de volantes, con mucho despliegue de Grazzini, Falcón y Lugüercio. No le dio espacio al rival y ante cada pérdida de posesión reubicó a seis o siete futbolistas por detrás de la línea del balón.
Anotó de pelota parada (nunca le habían convertido a Banfield por esa vía) y no se achicó tras el empate de Silva: los primeros 14 minutos del ST se jugaron en campo del Taladro. ¿Otra coincidencia con Banfield? El tanto mal anulado a Lugüercio tras pase de Ramírez se produjo con un par de movimientos de esos a los que Fernández y Silva nos tienen acostumbrados. El gol de Mercado nació de una contra tras una segunda jugada de un córner tirado por Erviti que rechazó Ramírez; cuando Martínez le robó el balón a Quinteros, empezó el galope: Lucero la jugó a Ramírez (no se quedó en el rechazo sino que acompañó el ataque), la cedió para Aveldaño y, siempre de primera, terminó en Mercado, que definió muy bien en posición de centrodelantero. Lo de Ramírez fue importante para que Racing, en esa acción, quedara en superioridad en ataque 4 vs. 3.
Cuando Banfield, obligado, quedó parado 3-3-1-3, Racing lo contrarrestó con un 4-5-1 y con un seguro De Olivera que, salvo permitir varias veces que sus defensores se metieran al área chica para defender en los tiros libres frontales, resolvió siempre bien.
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