Vicente Fernández participa en el Torneo de Maestros y ése es un triunfo en sí mismo. Compensa el peor año de su salud con buen juego y dulces caminatas por el Olivos Golf Club. Por fin, luego de tres meses y pico, puede completar 18 hoyos cada día. Y es un aliciente extra el 14° lugar que ocupa hasta la segunda vuelta: suma 145 golpes (+3), a 8 del puntero, el norteamericano Tom Lehman.
El 26 de agosto pasado, el Chino sintió que había muerto. Confiesa que flotó en un limbo durante un minuto y medio, en plena operación: "Sentí una paz increíble, andaba como posado en una gran nube. Estaba de bien ahí... De repente escuchaba que los médicos me querían reanimar, pero yo prefería seguir así, en ese estado", describe el correntino, de 63 años.
Todo comenzó en la última semana de junio en Endicott, Nueva York, mientras jugaba un torneo del Champions Tour. Fuertes molestias en la espalda y en el lado izquierdo del pecho empezaron a inquietarlo. Se le había manifestado un herpes zoster, una infección viral aguda que ocasiona una erupción de ampollas. En otras palabras, tenía culebrilla.
A la semana le aplicaron una inyección en la localidad de Jupiter, cerca de Miami, aunque el dolor pronto se acrecentó y le resultaba imposible dormir. "En algún momento pensé que me agarraba un infarto. Abrí las ventanas y las puertas de la habitación del hotel y llamé a mis hijos. Poco después ya había escrito mi testamento".
El 7 de julio le dieron el alta y regresó a la Argentina, aunque la zona se le volvió a infectar y se le produjo un abceso. A partir de entonces, soportó un vía crucis, yendo a los Estados Unidos y volviendo al país una y otra vez para encauzar el tratamiento. "Todas las pestes que andaban por ahí me las agarraba", relata.
En el transcurso de julio, aún sin saberse del todo recuperado, formó parte de la clasificación para el US Senior Open, que se disputó en Indiana. "Llamé a mi manager y le conté que iba a intentar jugarla. «Total estoy viviendo de regalo», le dije". En el hoyo 1 ya cometió un bogey, aunque luego experimentó un milagroso bienestar momentáneo y finalizó con una vuelta de 5 bajo el par que le allanó el pasaje para el Major. "Firmé la tarjeta y ahí mismo me desplomé en la silla, del cansancio". En verdad, había sido mal diagnosticado de varicela.
No pasó el corte clasificatorio en el US Senior Open (dos vueltas de 75) y su última actuación afuera se produjo en el Jeld Wen Tradition, en Oregon. Allí no le quedó otra alternativa que abandonar después del tercer recorrido (75-77-75). Entonces se sometió a aquella operación, en la que hubo que aplicarle oxígeno en el instante más crítico. En el quirófano, el Chino quiso irse , aunque los especialistas lo rescataron.
Fernández padece aún las secuelas. "Hasta hace ocho días no podía tirar un putt; venía de tres semanas con problemas en el cuadrado lumbar, que es un músculo importante en la acción de flexión lumbar lateral. Pero es una alegría haber jugado dos rondas."
El Chino volvió a ser el de siempre, el que se presta para las fotos y los autógrafos, el hombre admirado que fue la bandera argentina en el exterior en las décadas del 70 y 80. Justamente en 1971 atrapó su segundo título del Torneo de Maestros, tras su primer éxito en el Olivos en 1967. "En 1971 llegué a ser líder del Abierto Británico durante 24 hoyos. Fue un gran año, porque empezaba a ser candidato en los torneos de Europa", recuerda el Chino, con la energía de quien disfruta de una segunda oportunidad.