El nombre de la Argentina, en manos del francés Jerome Valcke, secretario general de la FIFA, que condujo el sorteo con la actriz sudafricana Charlize Theron - ReutersCIUDAD DEL CABO, Sudáfrica.– El mundo arrinconó con su mirada esta ciudad que descansa sobre la costa del Atlántico, alterada esta vez por una ceremonia planetaria presidida por el azar. En este juego de especulaciones e hipótesis, hubo estallidos de alivio y de sorpresa que dieron al sorteo del Mundial tal emoción que el mundo entero ya aguarda ansioso el comienzo de la acción. Será el próximo 11 de junio, cuando se enfrenten Sudáfrica y México.
Tras un show que sirvió como fuerte mensaje de integración racial y euforia democrática, la fortuna echó por tierra los estigmas enemigos de la Argentina, y ubicó al seleccionado en una zona más accesible que lo que se preveía y que lo que los antecedentes suponían. El seleccionado nacional, que fue cabeza de serie, integrará el Grupo B. Debutará el 12 de junio ante Nigeria, en el estadio Ellis Park –el mismo escenario que vio nacer a los Pumas–, de Johannesburgo. Cinco días después, también en esa ciudad, pero con el Soccer City como estadio, se enfrentará con Corea del Sur. Su cierre de la primera rueda será con Grecia, el 22 de junio, en Polokwane.
El rugbier local John Smit regaló una sonrisa a los argentinos. La mano trémula del capitán de los Springboks se sumergió en uno de los copones y obtuvo la bolilla que concedió al seleccionado el privilegiado Grupo B, la zona con la que soñaban todos los participantes. La razón es sencilla: dos partidos en Johannesburgo, el corazón de todas las sedes, y uno en Polokwane. Es decir, la distancia más larga que deberá recorrer el conjunto albiceleste es de 273 kilómetros, de Pretoria al estadio Peter Mokaba. Y no sólo eso: en caso de acceder a los octavos de final en el primer lugar no sufrirá la intolerable carga de mudanzas y viajes. Eso sí: si el futuro se asoma optimista, el rival en una instancia mano a mano surgiría del explosivo Grupo A, integrado por los locales, México, Francia y Uruguay. Estos hipotéticos cruces provocaron un diálogo sordo en el medio de la ceremonia entre Carlos Bilardo y el francés Michel Platini. Luego, el manager argentino contó que los dos imaginaban un enfrentamiento entre ambos países por un lugar en los cuartos de final.
Los caprichos del azar también arrojaron curiosidades relacionadas con Diego Maradona. Nigeria y Grecia fueron dos de los tres rivales que el entrenador tuvo cuando disputó por última vez la Copa del Mundo, en Estados Unidos 1994. Incluso, a los griegos les marcó un gol, sublime, recordado por ese toque y ese grito desenfrenado, además de ser el tanto del ocaso de su carrera mundialista. A diferencia del ’94, ahora está Corea del Sur en lugar de Bulgaria. Y Diego mantiene un recuerdo de los coreanos. Con ellos se enfrentó en México ’86, en uno de los partidos más recordados por la cantidad de golpes y fouls que recibió el por entonces Nº 10 argentino.
No hubo un "grupo de la muerte", aunque Sudáfrica observa con preocupación a sus rivales. También Brasil, que deberá jugar con Corea del Norte, Costa de Marfil y Portugal. Las demás zonas se presentan parejas, con choques esperados, como Inglaterra vs. Estados Unidos y España frente a Chile (Marcelo Bielsa se ausentó de la ceremonia).
En este contexto de expectativa y azar se encerró un show internacional. La música y el ritmo festivo estuvieron a cargo del Soweto Gospel Choir y del popular cantante local Johnny Clegg. También el león Zakumi, la mascota oficial, hizo de animador desde una selva construida por la modernidad.
Previamente al protagonismo de las bolillas, se recordó la historia de los mundiales a través de la sencilla mirada de un anciano sudafricano que contaba la leyenda de la competencia a su asombrado nieto. Antes habían sido presentados los 32 participantes, entre ellos, la Argentina, representada en imágenes con Messi y Maradona.
El secretario general de la FIFA, el francés Jerome Valcke, dirigió el sorteo a la par de la actriz sudafricana Charlize Theron, que paseó su belleza hechizando miradas.
La ceremonia comenzó puntual, a las 19 de aquí, ni un minuto después. Tuvo imágenes de Africa, no sólo del país organizador. Entre postales y paisajes, apareció Giancarlo Abete, el titular de la federación italiana, con la Copa del Mundo, el trofeo que Italia defenderá.
Pero lo más emocionante fue la videoconferencia del ex presidente sudafricano Nelson Mandela, que por sus 91 años restringe al máximo sus apariciones públicas. El líder que abolió el apartheid fue reconocido como el primer responsable de que el certamen se realice el año próximo en estas tierras. Porque este Mundial será el de la integración racial, el torneo de un continente entero. Así lo anunció el actual primer mandatario, Jacob Zuma, pero antes lo había expresado mediante la pantalla un avejentado Mandela. "Es un orgullo para Africa, por lo que debemos aprender las lecciones de la pasión y la libertad", entonó firme ante el paso del tiempo.
Como era de suponer, el titular de la FIFA, Joseph Blatter, elogió el esfuerzo y la predisposición de Sudáfrica para albergar a la gran industria del fútbol. Tal vez el suizo olvidó que hace poco más de un año él mismo activó una bomba de sospechas sobre cuál iba a ser finalmente la sede del Mundial. Por entonces, la inseguridad, la economía y la inestabilidad política ponían en duda la capacidad organizativa de este país.
Pero Zuma no perdió la memoria, y sus palabras incomodaron a Blatter. "Sudáfrica demostró estar capacitada para recibir al Mundial. Tenemos todo en tiempo y forma, no habrá problemas. Será todo formidable", dijo el excéntrico primer mandatario, conocido por tener más de 18 hijos y otras tantas mujeres.
A un lado de Zuma, Blatter apeló al rostro solidario de la FIFA, y enumeró auspiciantes y políticos que colaborarán para el desarrollo de la educación y la salud en la Sudáfrica recóndita, donde a veces la ayuda no llega. Antes el dirigente había descontracturado la situación con un piropo a una de las bellas presentadoras, lo que provocó gritos y carcajadas.
Así fue como Sudáfrica se abrió al mundo desde uno de sus sitios más bellos y exóticos. Arrinconado en una porción de la ciudad, el Centro Internacional de Convenciones lució repleto con 3000 espectadores, entre ellos, políticos, diplomáticos, dirigentes y jugadores de fútbol, y celebridades de la cultura y el espectáculo. Fue una ceremonia de lujos y glamour, un maquillaje ideal para un Mundial que se desarrollará en un país desfavorecido por la pobreza y la desigualdad, pero que levantó la voz para manifestarse unido y democrático.