Ni el "grupo de la muerte" ni el "grupo de la suerte". Para ser el mejor hay que ganarles a todos, dicta una máxima futbolera. Y es verdad. Pero sería una ingenuidad desconocer ciertas ventajas, como haber evitado a los más temibles de cada Confederación, como Francia, Portugal, Camerún, Costa de Marfil y México. El juego de las bolillas hubiese entregado una zona incuestionablemente accesible si la Argentina fuese un equipo con una identidad definida y un tejido colectivo confiable.
Como el principal adversario de la selección es ese conjunto desorientado que la inestabilidad de Maradona no sabe articular, al Grupo B convendría bautizarlo como traicionero. Puede esconder alguna sorpresa para un equipo desprevenido y desacoplado. Sí, justo como la Argentina. Una sensación de gane natural coquetea desde ayer alrededor de la Argentina con una propulsión desaconsejable. Subestimar a estos rivales sería el primer paso en falso. La selección no está en condiciones de menospreciar a nadie.
En el debut espera Nigeria, que parece haber extraviado la plenitud. Aquellas Súper Aguilas que ganaron los Juegos Olímpicos del 96 no encontraron un recambio de jerarquía, aunque el volante John Obi Mikel (Chelsea) o el delantero Obafemi Martins (Wolfsburgo) invitan a la precaución. Con Corea del Sur habrá que tener especial atención: se clasificó con comodidad, tiene una dinámica asfixiante y nada de ingenuidad, con valores consolidados en Europa como el extremo Ji Sung Park (Manchester United), el delantero Chu Young Park (Monaco) y el volante Cheng Yong Lee (Bolton). Grecia, que sorprendió al mundo al ganar la Eurocopa de 2004 con una propuesta mezquina, después se derrumbó en sucesivas frustraciones. Se tratará de la última estación para varios treintañeros, como Karagounis, Katsouranis y Charisteas.
De superar el corte del Grupo B, los octavos de final elevarían el listón. El oponente surgiría de la zona A, es decir el envalentonado anfitrión sudafricano, una reedición de la batalla rioplatense con Uruguay, el siempre incómodo México… o Francia, nada menos. Claro que si la Argentina se filtra entre los 16 mejores, ya habrá evolucionado con relación a su inconsistente actualidad.