CIUDAD DEL CABO.– Carlos Bilardo se sintió incómodo como representante del seleccionado. El director deportivo retrocedió sobre sus pasos y asistió al sorteo, pese a negarse una y otra vez ante la sanción que prohibió la llegada de Diego Maradona. Estuvo aquí tras un pedido que estuvo nublado de exigencia. El dice que fue el técnico quien le solicitó venir. Otros sostienen que fue un requerimiento de rigor por parte del presidente de la AFA, Julio Grondona.
Sudáfrica esperaba a Maradona, pero se encontró con Bilardo. El manager no habló con la prensa desde el estrado que ubicó la organización porque percibió una exposición tan grande que temió por un futuro desplante del técnico. Sus opiniones fueron mesuradas, a veces secas y tajantes, o casi silábicas. Repitió decena de veces que "el grupo es difícil", pero la ambigua felicidad que exhibía contradijo sus palabras.
Pero hubo una consulta de un periodista extranjero que dejó en evidencia que aún hay una herida abierta. ¿Fue obligado a venir? "No, me lo pidió Diego", respondió. Luego dejó de hablar el tiempo suficiente para fulminar con la mirada a su interlocutor. Luego, el diálogo continuó por el camino de los rivales del Grupo B, sin profundizar en antiguos cortocircuitos entre él y Maradona.
A 186 días del Mundial, sería saludable que Maradona, Bilardo y Grondona vuelquen sus fuerzas en una misma bolsa. Porque da la sensación de que sus palabras dibujan una unidad tan frágil que a veces puede ser derribada ante el más inverosímil rumor. Es tiempo de recorrer en armonía el camino a Sudáfrica. Mucho más después de que la sombra enemiga de las bolillas parece haber desaparecido. La selección tuvo un buen arranque; que ahora no se extravíe en su confusión interna.