La clase de Verón, entre Denilson y Sung; sin brillar, es el alma de un equipo preparado para la historia | Fernando MassobrioABU DHABI.- Ese cúmulo de nervios pudo desatarse de una vez por todas. Tan anudada estaba la garganta de Estudiantes que alcanzó con ver la imagen de Alejandro Sabella, al borde de la lágrima, cuando se sentó entre los suplentes. Tragó saliva, que a esa altura debió parecerle arena, y respiró. Sólo respiró. Era el momento. O el gesto ríspido, tenso, de Juan Sebastián Verón. No fue fácil sentirse el favorito y afirmarse como tal. No pudo hacerlo ni siquiera pensando que lo suculento estaba por venir. Porque el ajustado triunfo ante Pohang Steelers, de Corea del Sur, le permitió catapultarse, ni más ni menos, que como uno de los dos mejores equipos del mundo. El resto será a suerte y verdad con Barcelona o Atlante, pero Estudiantes ya se sacó esa viga de acero que llevaba sobre los hombros.
De a ratos, Estudiantes pareció sentirse perdido en el desierto en ese extraño partido contra los coreanos, que terminaron con tres jugadores menos por las expulsiones del árbitro Rosetti (ver aparte). Ni así pudo sacar más diferencia en un contexto tan favorable y se contentó con lo mínimo, como quien guarda monedas en un frasco. Después de todo ya lo había advertido el DT Sabella: "A veces, los candidatos pasan raspando". Y punto. La reflexión del final lo encontraría luego sin grandes pronósticos. "Habrá que ver qué rival nos toca. Barcelona es el favorito pero los partidos hay que jugarlos. El fútbol es un deporte de contacto, que puede tener sorpresas y eso es lo que lo hace más lindo".
Estudiantes cumplió y ya está justo donde quería en el mapa del Mundial de Clubes, sobre la equis roja. Nadie puede quitarle ese partido con el gigante europeo o, si se da, con la sorpresa azteca. De puño y letra, por más que alguna vez ensaye algún garabato apurado, improvisado, sigue inscribiéndose con los mejores. El orgullo le pertenece, por más que las formas no hayan sido de las más delicadas. Su ruta está trazada, como lo dicta su historia.
El que sí arriesgó fue Verón. "Ojalá que nos toque la final con Barcelona porque es un equipo al que no se enfrenta siempre. Tal vez es la única ocasión en que lo hagamos". Y la Brujita no se quedó con eso: "Claro que quiero que juegue Messi; por supuesto, espero que estén completos. Pero no hay nada dicho. Ellos tienen que jugar con Atlante y no será fácil".
El Pincha alcanzó la final del Mundial de Clubes con dos apariciones en el momento exacto, con una definición tan corta como lo describe el resultado. Una, en el tiempo adicionado de la primera parte, con un tiro libre de Benítez-Boselli no logró desviar la pelota con la cabeza-. Y, la segunda, con otra aparición del mediocampista, que anotó con tiro cruzado y no demasiado fuerte, después de un contraataque que empezó por la derecha. No ofreció el León demasiado más.
Desde la perspectiva del juego, a la distancia se notó la diferencia técnica entre los equipos. Pero Estudiantes no pudo ni supo materializarla. Los veloces jugadores coreanos neutralizaron una y otra vez cada intento del equipo platense, salvo una pirueta de Boselli que pegó en el travesaño. Eso hizo previsibles y confusos los movimientos del vencedor. Verón no tuvo la soltura de otras veces. Enzo Pérez, unos metros delante de la línea de los volantes, trató de adaptarse como pudo. Y, más allá de los goles, Benítez fue el de las ideas más claras, el que más fácil encontró los espacios libres.
Tantos pases embarullados de los argentinos dejaron a Pohang Steelers con contraataques que encontraron mal ubicados a los defensores. Los pies de Estudiantes parecieron agarrados con pesados grilletes. Y cuando se rompía la cabeza para descifrar la fórmula apareció Benítez, el de la pegada precisa. Calma, al fin la preciada la calma que se necesitaba.
Mucho más después de la expulsión de Hwang Jae Won. El gol de Denilson puso otra vez cierto misterio, cortado rápidamente por dos tarjetas rojas más: Kim Jae Sung y el arquero Shin Hwa Yong. Como dato curioso, con los cambios agotados, Denilson ocupó la valla, justo el único que parecía que podía hacer un gol.
Ya lo diría Sabella después. "Las expulsiones fueron consecuencia de la mínima superioridad que tuvo Estudiantes". Y más: "Tuvimos la fortuna de convertir en los momentos en los que el partido estaba parejo. Siempre dio la sensación de que Estudiantes era un poco más por la técnica sudamericana. Son 11 leones y acá estamos, en familia. Dimos un paso ineludible: llegar a la final. Si no lo hubiéramos hecho se hubieran olvidado muchas de las cosas que hicieron estos jugadores. Así es el fútbol, pero estamos en la final después de 41 años".
Si es Barcelona, a Estudiantes tal vez le sentará bien no sentirse favorito. Si es Atlante, otra vez tendrá que sacar a relucir eso que no se sabe bien qué es. Repasa la historia y, de repente, se ve con un tintero y la pluma en la mano...