La transferencia de Salvio tiene muchos puntos en común con varias de las que se concretaron en el fútbol argentino en las últimas décadas: joven (19 años), de muy buenas aptitudes, de rápida y ascendente valoración por su condición de jugador de ataque, con un amplio margen de evolución. Y con precio millonario. Reúne el perfil justo para emigrar mucho antes de lo que le gustaría al hincha de Lanús y de lo que le convendría al nivel de nuestros torneos. Cuando se habla de la chatura de la competencia local, una de las principales razones pasa por la imposibilidad de retener a futbolistas de las características de Salvio, a quien cuesta encasillarlo en una función, aunque tiene más pasta de delantero que de volante. Es dueño de un largo recorrido, gambetea en velocidad, es profundo y agresivo cuando se acerca al área.
A Lanús no se lo puede acusar de ser un club insensato, imprevisible y sin proyectos. Todo lo contrario. Desde hace años es conducido con racionalidad y equilibrio, en continuo progreso futbolístico, social e institucional. Acaba de concretar una operación que bien desearían muchos de los clubes argentinos que tienen los apuros económicos por los que no pasa Lanús.
La entidad granate podría darse el lujo de no verse obligada a debilitarse en lo deportivo para conseguir dinero fresco. Una de sus prioridades es hacer una muy buena Copa Libertadores, en la que quedó rápidamente eliminado en las últimas temporadas. Tras un firme posicionamiento local, el objetivo es el despegue internacional. Obviamente, sin Salvio le costará más, aunque una parte de la venta sea utilizada para contratar algún refuerzo importante.
Salvio llegará al Atlético para ocupar el lugar de un compatriota, Maxi Rodríguez, que está muy cerca de pasar a Liverpool. Le espera un club convulsionado en lo institucional (los dirigentes reconocen una deuda de 200 millones de euros, pero otros informes dan cuenta de un pasivo cercano a los 400) y autodestructivo en lo futbolístico, circunstancia que tiene hastiado a Agüero y lo empujaría a buscar otros horizontes en junio.
¿Hace bien Lanús en desprenderse de Salvio, al que no llegó a disfrutar y aprovechar debidamente? Para responder esto se debe tener en cuenta que el mercado de pases está bastante deprimido y lo que pagará Atlético de Madrid (11,6 millones de dólares) es la cifra más alta en Europa en esta época. En ese contexto recesivo, el monto ofrecido es poco menos que irresistible. Lo demás es futurología: nadie puede asegurar que dentro de dos o tres años Salvio duplicará su cotización o se devaluará a la mitad o menos. Lo actual y concreto es el mérito de Lanús, que impuso un alto precio por alguien que tiene más de promesa que de realidad.
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