Tras la conquista del US Open, Del Potro vuelve a un Grand Slam, aunque no llega al ciento por ciento por una lesión en la muñeca derecha - AFPMELBOURNE.- Tras la vorágine de las jornadas laborales, la ciudad amaneció el sábado en silencio, apenas interrumpido por los cantos de unos pocos pájaros. Demoró más de la cuenta que las calles comenzaran a cobrar vida, a despojarse de la modorra, no sólo porque los jóvenes aussies aguardan con ardor cada fin de semana para festejar y beber grandes cantidades de cerveza, sino también porque aquí es época de vacaciones escolares y familias completas marcharon rumbo a Mornington Peninsula, una playa del sur, que, según Pablo, un argentino que vive en Melbourne desde hace cinco años, tiene "aguas más frías que Mar del Plata". Otros, igual de remolones, se inclinan por preparar comidas en barbacoas en los parques públicos.
Sin embargo, toda la armonía que reina en las venas de la ciudad, se altera y convierte en efervescencia dentro del Melbourne Park, el complejo donde, a partir de esta noche de Buenos Aires comenzará a disputarse el Abierto de Australia, el primer Grand Slam del año. El primer Major desde que Juan Martín del Potro puso de rodillas al número 1 del mundo, Roger Federer, en el US Open. El primer torneo grande con techo retráctil (no sólo en el court central, el Rod Laver, sino también en el Hisense Arena), costumbre que generó decenas de ventajas en un sitio geográfico con temperaturas veraniegas sofocantes y más tarde fue adoptado por las autoridades de Wimbledon, incluso rompiendo la centenaria tradición londinense.
Con el transcurrir de las horas, los semblantes de algunos jugadores comenzaron a mutar. Ya no se los observa bromear como hasta hace un puñado de horas. Es lógico: los nervios del debut les provocan cosquilleos en el estómago hasta a los más experimentados, esos que conocen de memoria sus rutinas. La prensa también hace su juego; acecha, analiza. El público, que ayer gozó de la entrada libre, ensaya apuestas, hace futurología. Los encordadores oficiales, todos juntos en un gran salón, no dan abasto con tanto trabajo. Los añorados trofeos que besarán los campeones (ayer los expusieron en el complejo para que se les pudieran tomar fotografías) ya están cuidadosamente pulidos, relucientes. Todo está listo para que se levante el telón del gran show tenístico con sede en el continente oceánico.
Ningún jugador, públicamente, quiere asumir el rol de favorito; la gran mayoría opta por el bajo perfil. El mallorquín Rafael Nadal, rey defensor, se hace el distraído: "Soy el número 2 del mundo, pero hay grandes jugadores sobre esta superficie dura. No soy el máximo candidato". De todos modos, antes que nada, Rafa es un gran competidor y, sobre la base de un juego de piernas veloces y un enorme coraje, es el preferido, casi de la mayoría.
Claro que también lo es Roger Federer, el líder del circuito masculino, que hace un año no ocultó sus lágrimas tras caer en la final con Nadal y ahora irá en busca de su 16° Grand Slam. "Mi antebrazo derecho está donde se supone que debe estar y me molesta menos que hace un tiempo. Eso siempre es importante. Estoy seguro de que voy a tener un buen Abierto", dijo el suizo en rueda de prensa.
Naturalmente, la capacidad técnica pone al escocés Andy Murray y al serbio Novak Djokovic como hombres a tener en cuenta. Aunque varios jugadores coincidieron en que habrá que prestarle atención al ruso Nikolay Davydenko, que encadena éxitos en Doha, en el ATP World Tour Finals (ex Masters), de Londres, y en el Masters 1000 de Shanghai. "Es a quien veo con el nivel más alto", lanzó Nadal.
Una incógnita se abre alrededor de Delpo , porque mientras muchos periodistas extranjeros y colegas suyos lo encumbran (Murray dijo que el crecimiento del tandilense había sido "asombroso"), él está "un poco bajoneado" por la molestia que sufre en la muñeca derecha y no le da garantías, a pocas horas de su debut ante Michael Russell. Es más: ayer, Juan Martín tenía reservados los courts 18 y 16 del Melbourne Park para entrenarse a las 12 y a las 16, pero los ejercicios se suspendieron. Se quedó prácticamente todo el día en el hotel, "haciendo reposo", como le recomendaron los médicos.
Además de la Torre tandilense, otros siete argentinos lucharán por sobrevivir en un certamen tradicionalmente espinoso para los criollos. Juan Mónaco, Leonardo Mayer, Juan Ignacio Chela, José Acasuso, Martín Vassallo Argüello, Horacio Zeballos y Gisela Dulko, cada uno con sus limitaciones y virtudes, portarán la bandera de la Legión albiceleste.
Entre las mujeres, se le abrirá un panorama distinto a la fornida estadounidense Serena Williams, defensora del título. Ocurre que los regresos de las talentosas belgas Kim Clijsters y Justine Henin -siempre entrenada por el argentino Juan Carlos Tití Rodríguez-, luego de sobrepasar distintos asuntos personales (en el caso de Henin, una separación matrimonial; en el de Clijsters, la maternidad), representan una amenaza para su deseo de lograr su quinto trofeo en Australia. "Definitivamente me gusta jugar en el calor. Tal vez es una de las razones por las que lo hago bien", sonrió la menor de la Williams, algo vanidosa.
La temporada pasada, fueron 603.160 los espectadores que disfrutaron de las jornadas de tenis sobre el cemento azul. Esta ciudad modelo, donde por ejemplo el jefe de la policía de tránsito es multado con 245 dólares australianos (862 pesos argentinos) por superar en 10 km/h la velocidad permitida en un tramo de la autopista (iba a 80, cuando lo permitido era 70, y salió en todos los diarios), ya no tolera la ansiedad que le provoca no cobijar el tenis de lujo desde hace un año. Llegó el momento. El espectáculo circense empieza a funcionar. Qué pena que nuestro mejor artista -Del Potro, claro- no esté en su mejor condición para regodear como él quisiera.
48 mil pelotas es la cantidad que se utilizará durante todo el Abierto de Australia, desde la clasificación hasta las finales.
289 dólares australianos es el precio de la entrada máscostosa. Al cambio, representa unos 1017 pesos argentinos.