Américo Rubén Gallego, distendido, habló de todo: su vida, sus cambios y su presente en Independiente | Richard MagnaSALTA.- La charla avanza. El fotógrafo retrata al Tolo Gallego, que habla, gesticula, sonríe. De repente, el entrenador de Independiente hace una pausa, y dice: "Sacame y que se vea esto [por el nombre de la marca deportiva que viste a los Rojos]; hay que estar atento a todo", agrega, con una sonrisa.
-Estás en todos los detalles, antes no eras así. ¿Con el trato con los jugadores te pasa lo mismo?
-Ahora aprendí. Con mi edad, estoy más aplomado y les llego un poco mejor a los jugadores. Comparto las mesas con ellos, les pregunto si la comida está bien, si necesitan algo. Antes, los días de partido yo me quedaba en la habitación trabajando la pelota parada; acá en Salta, al mediodía almorcé con ellos y creo que para los futbolistas es importante. No pensaba que iba a tener tan buen feeling . Yo también cambié un poco, seguro.
-¿Qué motivó este cambio?
-Yo venía de otro fútbol, me tenía que ajustar otra vez al fútbol argentino y tomé determinaciones bruscas, como aquella después de la goleada con Lanús. Me pasé con las declaraciones y no me sirvió de nada. Al contrario, me perjudiqué, porque empecé a quedarme con menos jugadores.
-¿Lo hiciste solo o buscaste ayuda para modificar aquella conducta?
-Un poco de cada cosa. Un día me vi por televisión, y me dije: «¿Qué estoy haciendo? ¡Soy un loco!». Porque a algunos jugadores los gritos les vienen bien y a otros los mato. Y hablando con un jugador, me dice: «Tolo, cuando usted le grita...». Entonces, ahora, no les grito más, los motivo nada más. También me estoy controlando en no sacar enseguida a un jugador que erra muchos pases o que no hace lo que le pido. La terapia me ayudó bastante en eso. Y en lo personal también cambié, bajé 18 kilos. Estaba en mi casa, en México, pasaban un partido que dirigía yo, y me vi la panza. No lo podía creer. Ahora, el mes que viene va a hacer dos años que dejé todo. Todo, ni un poquito de champagne el día de mi cumpleaños.
-¿Cuál fue la primera conclusión que sacaste con el terapeuta?
-Que no soy Dios, que no puedo ganar siempre. Es que yo quiero ser campeón siempre y ése es un error. Antes llegaba a casa después de un partido y no existía ni para mi mujer.
-¿Buscás soluciones para motivar un poco más al plantel, para comunicarte con el grupo?
-De motivación no, porque no me sobra, pero soy un tipo que le llega bien al jugador, con la misma simpleza que tuve siempre. Después, me siento un tipo que va de frente. Cuando uno no tiene que jugar, voy y le hablo. Pero cuando veo que no me responden, no puedo perder el tiempo. No puedo perder mi energía ahí, elijo perderla con los 18 jugadores que están concentrados.
-¿Hiciste alguna consulta después de la salida de Juan Amador Sánchez del cuerpo técnico, o cuando desafectaste a Pusineri?
-Lo de Amador fue consensuado, porque él quería dirigir por su cuenta. Me gusta trabajar con gente que tenga motivaciones. Todos tenemos errores, pero me gusta que vivan del fútbol y para el fútbol, y no que anden pensando en otras cosas. Con Pusineri, algo parecido. Ningún jugador de la trayectoria como la suya piensa que se les puede hacer nada. En mi caso, el tema era futbolístico, y con el regreso de Herrón, otro cinco, quise probar con él y no contar con Pusineri. Creo que lo va a entender, está haciendo el curso de técnico y, en algún momento, le pasará tener que tomar este tipo de decisiones. Hay que ser fuerte, pero yo no me caso con ningún jugador.
-En Independiente, ¿qué cosas se cambiaron en el último tiempo?
-Con la llegada del Flaco [con Menotti como manager] cambiaron muchas cosas. Ya no tengo que chocar tanto ni con el plantel ni con los dirigentes. Y con el presidente, me siento muy bien. Estamos bien, nos juntamos, charlamos en criollo. La gente también cambió mucho conmigo; se aguantó cosas muy duras, como cuando perdíamos todos los partidos. Así que hay que darle algo.
-Un campeonato.
-Valoro mucho el tercer puesto del torneo pasado. En el Apertura, pasamos de ser un equipo en formación a un equipo respetado, pero nunca estoy conforme con lo que logré y eso que salí bastantes veces campeón como jugador y como entrenador. Es que cuando salgo campeón quiero ya la Copa Libertadores. Así que si mejoramos lo del torneo pasado, eso va a significar pelear el campeonato.
-¿Qué te lleva a pensar eso si el plantel es casi el mismo?
-Este grupo es totalmente diferente, no sé si hice bien o mal con algunos jugadores, pero el sentimiento era que me tenía que quedar con este plantel. Este grupo va a dar muchas satisfacciones.
-¿Y qué habría que corregir?
-Los equipos que juegan concentrados hasta el minuto 94 son los que ganan los partidos. Yo todavía estoy con bronca por el segundo gol de Banfield: habíamos trabajado durante toda la semana sobre el pelotazo de Lucchetti y nos hicieron el gol así. Nos están faltando algunas mañas, manejar el partido, tranquilizarnos cuando falta un minuto. Banfield salió campeón haciendo muchas pausas, manejándolas muy bien. Y de local, tenemos que meter miedo, ahí no podemos ni empatar.